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martes, 19 de octubre de 2010

Pan Negro

Agustí Villaronga es uno de los directores más a contracorriente del cine español. Tras el cristal, su primera película, es una rareza objeto de culto entre los aficionados al terror. Después ha habido de todo, desde una intriga más convencional pero interesante (99.9), una enfermiza historia de aislamiento (El Mar), o un falso documental (Aro Tolbukhin)

Con Pan Negro intenta dar una visión diferente de la postguerra, de los buenos y los malos, los vencedores y los vencidos y la putrefacción moral que genera en una sociedad (en este caso un pueblo de la Cataluña profunda) una guerra civil.

Lo mejor está en ese tono morboso que tanto le gusta al director y que impregna toda la película, aunque la historia exigía mucho más y da la sensación de que de ha quedado a medias para no ser del todo políticamente incorrecto. Por supuesto los curas y los guardias civiles son grotescos, al igual que la señora rica del pueblo o el brutal alcalde franquista Sergi López. Tanto estereotipo arruina las intenciones transgresoras, como también un reparto muy desequilibrado y un doblaje al castellano realmente criminal.

Al menos es un intento de salirse de los caminos trillados del cine español (¿o catalán?) y ofrecer algo diferente. Sin duda lo mejor está en la contundencia de la escena inicial y en el regusto amargo de un final poco complaciente.

martes, 20 de abril de 2010

Ciudad de Vida y Muerte

La segunda superproducción china que se ha estrenado en un mes resulta ser, al contrario que Acantilado rojo, una relativa decepción sobre todo tras haber leído todo lo que se escribió sobre ella por su premio en el Festival de San Sebastián. La concha de oro no es un galardón muy fiable teniendo en cuenta las basuras que jalonan el palmarés donostiarra a lo largo de los años, pero parecía que esta vez la decisión del jurado era aplaudida por crítica y público.

Sin duda Ciudad de vida y muerte impacta, sobre todo porque nos cuenta una matanza más o menos desconocida en occidente: la perpetrada por tropas japonesas en la ciudad de Nanking, capital provisional de China, entre 1937 y 1938. Sus imágenes intentan llevarse la palma a las más bestias, con mucha muerte y poca vida. En un descarnado blanco y negro, pasamos de una matanza a otra, de una violación múltiple al asesinato a sangre fría de una niña.

Todo resulta excesivo, la brutalidad satura, hasta el nazi que aparece es una hermanita de la caridad comparado con los salvajes japoneses. La paranoica locura del tiránico y censor gobierno chino considera sorprendentemente que los humaniza en exceso (¿?) por lo que ha prohibido la película (¡!)

Maniquea, a pesar de sus esfuerzos por disfrazarse de lo contrario, toda la película es un ajuste de cuentas seguramente justificado con los asesinos de más de 300.000 personas. Un documento de la barbarie y la sinrazón, pero que a nivel cinematográfico está lejos del mejor cine antibélico que prefiere sugerir antes que mostrar. Que los japoneses fueron muy malos ya nos lo habían contado mejor otras veces.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Acantilado Rojo

El gobierno chino lleva años aleccionando a su población sobre la grandeza de China. Humillada durante el Siglo XX por los europeos y por los japoneses, parece que el Siglo XXI será el de Asia y, sobre todo, el de un país con un curioso (y aterrador) sistema que mezcla capitalismo, comunismo y nacionalismo exacerbado.

Dentro de estos esfuerzos por generar orgullo patriótico y en el mismo año que las olimpiadas, se estrenó Acantilado Rojo con un éxito arrollador. Dos películas de dos horas y media para contar una historia lejana en el tiempo (de esas que se utilizan para no hablar del presente) pero con ingredientes apetecibles para el Gran Hermano toda vez que actúa como fábula sobre la lucha actual para colocarse a la cabeza del mundo frente a enemigos muy poderosos (EEUU)

Ahora llega a España en versión reducida, pero sólo podemos rendirnos ante la maestría de John Woo (de regreso desde Hollywood para la ocasión) para manejar los abundantes medios que le ha proporcionado el régimen y crear una gran película, de belleza indiscutible y que consigue un extraño equilibrio entre la exquisita narración bélica y la descripción de su atractiva galería de personajes.

Woo hizo una carrera brillante en Hong Kong y defraudó algo en América (aunque su Cara a Cara entre Travolta y Cage sea absolutamente magistral), pero ahora toca techo con una obra con la que soñaría cualquier director megalómano en la que él ha cuidado hasta los más mínimos detalles con el objetivo de enganchar a cualquier tipo de público.

jueves, 4 de marzo de 2010

En tierra hostil


La Guerra de Irak ha generado un buen puñado de películas de desigual calidad pero algunas para recordar (Redacted, o Jarhead). Ahora Kathryn Bigelow retoma el tema, una directora que según un actor es “una top model fuera del set y una sargento dentro de él”

Bigelow estuvo casada meses con James Cameron y se nota que ambos adoran todo lo militar. Tal vez se ponían el uniforme para echar un polvo, o puede que su fetichismo se limite exclusivamente a las películas que hacen. Cameron supera ampliamente en curriculum a su ex, pero en los próximos Oscars se puede dar la vuelta a la tortilla.

Porque una directora hasta ahora más bien mediocre, con películas que desperdiciaban excelentes puntos de partida (por ejemplo, Días extraños o Le llaman Bodhi), ha logrado una de las visiones más marcianas y abstractas que sobre la guerra se han visto en el cine, irritando por igual a los que le exigían una condena firme del conflicto como a los defensores de la invasión.

La historia de William James (sensacional Jeremy Renner, que debería ganar el Oscar aunque por desgracia tiene pocas posibilidades teniendo enfrente a momios como Bridges, Clooney o Freeman) es un adicto al riesgo que llega a Bagdad dispuesto a desactivar bombas y que se encontrará con un auténtico infierno en la tierra.

Angustiosa (esa espectacular escena en el desierto, en la que la amenaza no es más que un punto en el horizonte resulta aterradora), con un dominio de la narración y del ritmo deslumbrantes, Bigelow nos muestra una pesadilla muy real magistralmente dirigida y que deja en nada la pirotecnia de Avatar a la que el próximo domingo, esperemos, dará un baño de humildad que se recordará mucho tiempo.¿O no?