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martes, 14 de junio de 2011

Insidious

El cine de casas encantadas tiene algunos de sus hitos en Amytiville (inolvidable esa familia que abandona precipitadamente su hogar en medio de una explosión de horrores) y, especialmente, en The Haunting de Robert Wise, sometida hace unos años a un vergonzante remake con Catherine Bipolar-Jones.

Poltergeist nos marcó en los 80, con esa extraña mezcla de terror, surrealismo y empalago familiar. Este parece ser, junto a El Exorcista, el modelo de Insidious. Modelo al menos en la narración, de un clasicismo ejemplar. El comienzo nos lleva a una inquietante casa en la que se desarrolla el planteamiento. Mucha sugerencia, drama familiar y una angustia que va in-crescendo ayudada por una excelente fotografía en tonos apagados, que fomenta la sensación de claustrofobia, y una música altamente efectiva.

La segunda parte da un giro para meternos en la atracción de feria, con apariciones y una movida sesión espiritista de por medio. La inteligencia del director y su maestría en el género se demuestra en su control del histrionismo y de las imágenes inquietantes (esa vieja…), y en el sensacional final, de esos imprescindibles para redondear un gran filme de terror.James Wan también dirigió Saw, y allí demostró que más allá de una temática impactante, era capaz de dominar los tiempos y mantener al público clavado en la butaca. En Insidious conserva intacto todo su talento y genera escenas de esas que se quedan grabadas para siempre en la retina del espectador para reaparecer en sus pesadillas.

jueves, 28 de abril de 2011

Inside Job

Otra injusticia en los Oscars: El premio al Mejor Documental para Inside Job frente a Exit Through the Gift Shop. Mientras esta última era un excelente y sofisticado artefacto que planteaba muchos e inteligentes interrogantes sobre el mercado del arte y sus miembros, la ganadora es un tedioso ejercicio de explicación de la crisis financiera que seguimos sufriendo.

Como en un Barrio Sésamo económico, Charles Ferguson se esfuerza por exponer con claridad lo que ya se ha contado muchas veces (y mejor) en otros documentales e incluso en los telediarios. La burbuja creada a partir de productos derivados, alimentada por la codicia de banqueros y empresarios, etc etc. Y todo con una música chan chan chan de fondo, la narración de Matt Damon que parece estar retransmitiendo un funeral, unos gráficos en rojo pasión más apropiados para un Powerpoint que para una película y una sucesión de fragmentos de entrevistas seleccionados para apoyar la tesis del director.

Hay unos malos malísimos que son, por orden de aparición: Reagan, Greenspan, Bush padre, Bush hijo, profesores de Harvard, de Columbia (¿Por qué no sale Princeton?), Bernanke, y hasta Barack Obama. Todo esto ya lo sabíamos antes de ver el documental pero nos surgen las siguientes preguntas:


  • Mientras los malos hacían tantos desastres ¿Dónde estaban los buenos? ¿O tal vez los buenos no existen?


  • ¿Qué medios de comunicación anticiparon el desastre? ¿Ninguno? ¿Sólo el señor al que entrevista que escribió un libro que nadie conocía hasta que se hizo este documental?


  • ¿Por qué sale como la buena de la película una ministra francesa? ¿En Francia no ha habido crisis?


  • ¿Qué solución propone el documentalista para el problema bancario? ¿No inyectar dinero público en los bancos y que la gente se quede sin sus ahorros como en la crisis de 1929?


  • ¿Por qué en ningún momento se cita a la superpoblación mundial como una de las causas del momento económico que sufrimos en el que la escasez de recursos genera tensiones constantes?


  • ¿No le sorprende al director que tanto abuso por parte de unos pocos no haya generado ninguna movilización social, ni manifestaciones, ni disturbios… excepto en Francia? ¿La era de las redes sociales sólo genera revoluciones en África donde muy pocos tienen acceso a Internet?


  • ¿Conoce Ferguson lo que ha pasado en España, el país “con el mejor sector financiero del mundo"?

Mucho más divertida Wall Street 2, a pesar de los Oscars.



domingo, 27 de marzo de 2011

El Rito

Anthony Hopkins ha dicho bastantes veces que dejaba el cine pero, como otros actores que fueron grandes, sigue arrastrándose por productos de segunda, sin que le ofrezcan papeles dignos del talento de quien nos sedujo en El Hombre Elefante, El Silencio de los Corderos, Regresos Howard’s End o Lo que queda del día. Ahora, el director de 1408 (una eficaz adaptación de Stephen King) le mete en la piel de un sacerdote especializado en exorcismos que debe enseñar a un estudiante con problemas de fe cómo se las gasta el demonio. Con el beneplácito del Vaticano y de Paloma Gómez Borrero (que firma la frase que sirve de promoción al film), la historia acaba siendo un Harry Potter en la escuela de exorcismos, con un punto de estampa turística (siniestra) de Roma, con un protagonista muy sobreactuado y con un Colin O’Donoghue (el cura joven) incapaz de transmitir todos los conflictos que supuestamente acechan la conciencia del personaje. Pese a tanto supuesto rigor e inspiración en hechos reales, todo resulta demasiado inverosímil. Tal vez el cine de exorcismos ya lo dijo todo en la imitada y nunca igualada obra maestra de William Friedkin de 1973 y todo lo que ha venido después nos parece una descafeinada copia. Nos queda, eso sí, una de las más insólitas escenas de los últimos tiempos: Un Hopkins-sacerdote semidesnudo observando con pinta de loco la cúpula de San Pedro desde un mirador que abofetea salvajemente a una niña.

sábado, 19 de febrero de 2011

Cisne Negro

Las primeras noticias sobre Cisne Negro, cuando sólo era un proyecto, hablaban de un remake de Suspiria de Dario Argento. Y es cierto que el homenaje al giallo (el género del que Argento es el máximo exponente) se palpa en muchos fotogramas, pero Darren Aranofsky ha ido mucho más allá.

En una obra maestra incontestable que nos sumerge en los abismos de la locura, de la autodestrucción por el éxito profesional a cualquier precio, encontramos ecos del terror italiano, pero también del Polanski de Repulsión, del grand guignol e incluso de telefilmes de sobremesa basados en bailarinas y madres posesivas. El director, más inspirado que nunca, trasciende todas esas referencias para llevar la historia a su terreno, el de las emociones, las sensaciones. Como sucedía en Réquiem por un Sueño, Aranosfsky consigue meternos en la piel de su protagonista en una experiencia casi física. Aquí sufrimos y nos angustiamos con Nina, casi parece que nos duelan los pies como a ella, que se nos abran sus heridas (ay, esos arañazos en la espalda…) o que tengamos sus pesadillas.
Con una puesta en escena deslumbrante, una brillantísima fotografía basada en negros y blancos, un tono morboso y malsano (especialmente en los sensacionales personajes de Mila Kunis, la bailarina rival de Nina, y Barbara Hershey que clava a una madre castradora realmente inquietante), un clímax final antológico y una Natalie Portman en estado de gracia (no hay duda, el Oscar es para ella), Cisne Negro es desde ya referencia indispensable para el cine de terror del grande, del bueno, del genial. El que nos lleva a asomarnos al lado más oscuro de nosotros mismos y a asustarnos, y mucho, de lo que encontramos allí.
5 Candidaturas Oscar 2011: Película, Director, Actriz (Natalie Portman), Fotografía y Montaje.


miércoles, 16 de febrero de 2011

127 Horas


Tras ganar muchos Oscars con Slumdog Millonaire, Danny Boyle ya dejó dos cosas claras:


* Que sabe tocar determinadas fibras que implican premio
* Que por tocarlas se pone a la mitad de la crítica en contra.

Efectivamente, a los amantes del cine iraní les irritó profundamente que la incursión del director en la India tuviese un toque dinámico y comercial, aunque es cierto que había mucho de visión turística y tópica.

Con 127 horas pasa algo parecido. Ha indignado que para contar la historia real de un montañero yanki atrapado varios días en una grieta se haya tomado ciertas licencias como mostrar sueños lisérgicos, recuerdos familiares o alucinaciones del protagonista, un esforzadísimo James Franco (candidato al Oscar aunque con nulas posibilidades de ganarlo)

Visto el resultado, la opción es perfectamente legítima: La narración engancha y no aburre como sucedía en Enterrado, cuya estricta premisa acababa con bostezos por el poco juego que daba el ataúd. Otra cosa es que haya excesos histéricos de los que se debería haber prescindido (las risas enlatadas) y que la parte final mereciese un mayor desarrollo. Pero la hiperactividad formal es marca de Boyle, que aquí no firma su mejor trabajo pero que demuestra su eficacia como narrador.

6 Candidaturas Oscar 2011: Película, Actor (James Franco), Guión Adaptado, Música, Canción (Dido, “If I Rise”) y Montaje.


domingo, 26 de diciembre de 2010

Balada Triste de Trompeta

Con unos títulos de crédito antológicos que, al ritmo de tambores de Semana Santa, nos conducen por un popurrí de imágenes que van de la España Negra a la cañí, de Franco a la Macarena, de la tele de Ibáñez Serrador al malo de Flash Gordon, del Cristo Yacente a Raphael, arranca lo último de Álex de La Iglesia, premiado como director y guionista por Tarantino en Venecia. No es casualidad.

El director consigue su película más impactante visualmente. Con escenas auténticamente sensacionales (el prólogo, la transformación en payaso de Carlos Areces cuando está preso, la canción en el cine, el desenlace en las alturas) y un dominio de la cámara del que pocos pueden presumir en España, se aleja a años luz de todo lo que se ha hecho este año por estos lares, en un tour de force de talento y personalidad.
Lástima que como suele pasar en todo su cine, la historia no sea redonda, y tenga demasiados altibajos sólo compensados por golpes de efecto que intentan atraer la atención sobre una trama mal desarrollada.

Metáfora de una España zarandeada por dos bandos que acaban por destrozarla o catálogo de recuerdos de una época para olvidar tamizados por una indiscutible capacidad para impactar, seguro que Balada Triste de Trompeta no dejará indiferente a nadie.

sábado, 30 de octubre de 2010

Saw VI

Clasificada X en un primer momento, tras un año ha llegado a España (país en el que, nos dicen, no existe la censura) Saw VI, al parecer con algunos cortes para no herir sensibilidades… La pregunta es qué sensibilidades va a herir, quién vaya a verla sabrá qué tipo de película es o si no le gusta siempre puede salirse del cine.

El primer “serrucho” se ha engrandecido con el paso del tiempo y ha quedado convertida en una de las cumbres del cine de terror de la última década. Una historia llena de giros inesperados, un desarrollo impecable y una angustia creciente que casi dejaba sin aliento con un tremendo final. Su guionista, Leigh Whannell intentó crear una trilogía coherente, y luego se ha mantenido como productor ejecutivo en las otras dos secuelas que, como es habitual en estos casos, bajaron el nivel de calidad dejándolo en mínimos algo cutres.
La sexta parte quiere ser más bestia con un comienzo realmente asqueroso, muy gore, pero luego nos sorprende con un inesperado mensaje social y de denuncia sobre las hipotecas basura y el sistema de seguros sanitarios privados de EEUU (¿¿??)

Pero que nadie se engañe, Saw VI no es una película de Ken Loach y quién se atreva con ella debe esperar un catálogo de torturas enrevesadas hasta el absurdo, mucha sangre, sadismo, ausencia absoluta de sentido del humor y, en este caso, una apología de la venganza más sanguinaria que, quizá, es lo que más ha molestado al ministerio que la prohibió.

martes, 12 de octubre de 2010

Enterrado (Buried)

Recibida con loores nada menos que hitchcockianos, la película de Rodrigo Cortés ha despertado un sospechoso consenso mediático sobre la “angustia” que provoca o “las caras de terror de los espectadores” en la sala.

El anterior trabajo de Cortés, Concursante, era una exótica rareza que en parte predecía la crisis que se nos venía encima a través de una trama desconcertante que prometía sobre el papel pero que en la pantalla nos dejaba estupefactos por su falta de medida y por un desastroso guión.

Ahora, con propaganda grandilocuente que remite a Náufragos y declaraciones del director hablando de su intención de rodar Con la muerte en los talones en una tumba, se nos presenta una historia no apta para claustrofóbicos, bien rodada y con la simpatía que siempre despiertan los productos de serie b.
Pero un desarrollo algo cansino que la convierte en veneno para la taquilla (aunque redactores mal informados hablan de muchas copias en el estreno en EEUU, la cruda realidad es una mísera recaudación de 100.000$), la confusión anti-climática en alguna de sus escenas (la falta de luz frustra el momento serpiente que debería habernos dejado clavados en la butaca), un final pese a todo previsible y un terrible doblaje de esos que abundan actualmente con voces desquiciadas entre las que destaca ese secuestrador que suena realmente ridículo, frustran el objetivo de convertir esta agradable (o desagradable, según se mire) miniatura en un hito del género.
Imposible compararla con CSI-Peligro Sepulcral de Tarantino o con la antológica escena de Kill Bill 2.

viernes, 6 de agosto de 2010

Splice: Experimento Mortal

Poca fe tienen los distribuidores en esta película cuando la estrenan en cuatro cines y casi de tapadillo en agosto. Lo curioso es que su director, Vincenzo Natali, es el autor de una obra de culto indiscutible entre los aficionados al terror: Cube. Sin embargo, parece que nadie confía en que pueda competir con Pesadilla en Elm Street en la cartelera.

Tomando como ilustre referencia el cine de seres deformes de la añorada primera etapa de David Cronenberg, Natali consigue hacernos disfrutar lo indecible a los fans de este tipo de cine. Con frialdad típica canadiense y un estimulante tono de cuento cruel, nos introduce en la retorcida historia de dos científicos ambiciosos (sensacionales Adrien Brody y Sarah Polley) cuyos experimentos acaban totalmente fuera de control, física y emocionalmente.


Con sorprendentes ramificaciones morales (la oscura infancia de ella que aparece en sus decisiones de la segunda parte, las terribles dudas sobre si matar a un ser vivo de inquietante futuro cuando se le quiere casi como a un hijo, el sexo malsano con connotaciones incestuosas) y alguna escena antológica (especialmente esa junta de accionistas en la que nada sale como se esperaba), Splice toma el relevo de lo que el año pasado fue Arrástrame al infierno para los aficionados al terror: El oasis en medio del secarral veraniego que nos devuelve a los mejores autores del género en plena forma.

sábado, 31 de julio de 2010

Pesadilla en Elm Street

De Viernes 13 a La mataza de Texas, la mayoría de los clásicos del cine de terror de los 70 y 80 han sido revisados por Michael Bay como productor. Es un pésimo director (La Roca, Pearl Harbour) y como tal le dedicaron hasta un capítulo en South Park, pero demuestra claramente que tiene olfato para ganar pasta en la taquilla.

Sólo en Las colinas tienen ojos se sacó cierto partido al remake. En el resto la fotocopia palidece ante el original y esto también sucede con Pesadilla en Elm Street. El impacto que causó la película de Wes Craven en el año 84 se queda ahora en nada. Escenas calcadas, prácticamente ninguna variación en la trama y nula capacidad de sorpresa. Hay actores nuevos todos con pinta de haber salido de La saga Crepúsculo, es decir caras blanquísimas y aspecto vampírico.

Tras 8 secuelas (la última hace apenas 7 años), Freddy Krueger estaba ya más que quemado, achicharrado. Lo único interesante es ver lo que hace con el personaje del asesino Jackie Earle Haley (que fue candidato al Oscar hace un par de años por interpretar a un pederasta). Es verdad que resulta inquietante en las escenas en las que se explica el origen de Freddy, pero estamos hablando de escasos minutos mientras en el resto nos da igual que sea él o Jorge Javier Vázquez el que hace del monstruo, ya que no se le ve un pijo detrás de kilos de maquillaje.

Así que al director, Samuel Bayer, más le vale heredar el negocio farmacéutico de su familia (si es que tiene algo que ver con los Bayer de las aspirinas) porque lo del cine no se le da demasiado bien, sobre todo si se dedica a plagiar (aunque sea de forma autorizada) lo que ya hicieron otros mejor.

domingo, 16 de mayo de 2010

Canino


La experiencia que nos propone Canino se parece a la que en su día tuvimos al descubrir a Michael Haneke o Atom Egoyan. Pocas veces tenemos el placer de encontrar a un director que trae ideas nuevas, rupturistas, revolucionarias y si en su día gozamos y nos revolvimos con Funny Games, El Liquidador o Exotica, ahora llega de Grecia lo más extraño y apasionante que hemos visto en mucho tiempo.

Con una narración aparentemente sencilla y escasos o casi nulos medios materiales, Giorgos Lanthimos nos introduce en un mundo asfixiante, paradójico, surrealista, inquietante, delirante. La familia sobreprotectora como cárcel, la educación como manipulación y el cine como liberación (curioso el papel que juegan Rocky y Tiburón en el desenlace de la película). Parábola social y política, especialmente potente en los tiempos que corren, plagados de miedos al exterior (fomentados desde casa o desde la televisión), Canino consigue con su abrumadora humildad divertirnos, fascinarnos, aterrorizarnos y, sobre todo, dejarnos petrificados en la butaca.
No es una película para recomendar. Quién se atreva a verla puede salir escandalizado, asqueado o maravillado. Y es que observar la miseria humana en todo su esplendor no siempre es fácil ni agradable. Pero seguro que a Buñuel le habría encantado Canino, una sorpresa tremendamente estimulante.

viernes, 7 de mayo de 2010

La Nana


El cartel de La Nana nos sugiere que podríamos estar cerca de A merced del odio. En aquel clásico de terror de la Hammer, Bette Davis podía ser una perturbada o no, o tal vez los perturbados eran los niños a los que cuidaba. Sin embargo, la película resulta ser más bien una mirada entre nostálgica y perpleja al mundo de las chachas que vivieron con el director que, como la mayoría de los artistas latinoamericanos, procede de una familia más que acomodada y muestra algo de mala conciencia por ello (otros directamente reniegan de sus orígenes)

Con un comienzo inquietante, un desarrollo entre morboso (la protagonista que lo ve y lo fiscaliza todo, incluso las pajas del adolescente de la casa) y cómico (la lucha de titanas con las rivales que le meten en casa), finalmente el director muestra sus cartas: Quiere homenajear a esas entrañables mujeres que, con sus defectos y virtudes, le cuidaron y le hicieron tan estupendo como es.

Lo pasamos bien viendo La Nana, y hasta nos genera cierta incomodidad. Lástima que no apueste más por el tono salvaje que apunta al principio y que podría emparentar a Catalina Saavedra con la Davis o con las protagonistas de La Ceremonia de Chabrol.

martes, 20 de abril de 2010

Ciudad de Vida y Muerte

La segunda superproducción china que se ha estrenado en un mes resulta ser, al contrario que Acantilado rojo, una relativa decepción sobre todo tras haber leído todo lo que se escribió sobre ella por su premio en el Festival de San Sebastián. La concha de oro no es un galardón muy fiable teniendo en cuenta las basuras que jalonan el palmarés donostiarra a lo largo de los años, pero parecía que esta vez la decisión del jurado era aplaudida por crítica y público.

Sin duda Ciudad de vida y muerte impacta, sobre todo porque nos cuenta una matanza más o menos desconocida en occidente: la perpetrada por tropas japonesas en la ciudad de Nanking, capital provisional de China, entre 1937 y 1938. Sus imágenes intentan llevarse la palma a las más bestias, con mucha muerte y poca vida. En un descarnado blanco y negro, pasamos de una matanza a otra, de una violación múltiple al asesinato a sangre fría de una niña.

Todo resulta excesivo, la brutalidad satura, hasta el nazi que aparece es una hermanita de la caridad comparado con los salvajes japoneses. La paranoica locura del tiránico y censor gobierno chino considera sorprendentemente que los humaniza en exceso (¿?) por lo que ha prohibido la película (¡!)

Maniquea, a pesar de sus esfuerzos por disfrazarse de lo contrario, toda la película es un ajuste de cuentas seguramente justificado con los asesinos de más de 300.000 personas. Un documento de la barbarie y la sinrazón, pero que a nivel cinematográfico está lejos del mejor cine antibélico que prefiere sugerir antes que mostrar. Que los japoneses fueron muy malos ya nos lo habían contado mejor otras veces.

jueves, 4 de marzo de 2010

En tierra hostil


La Guerra de Irak ha generado un buen puñado de películas de desigual calidad pero algunas para recordar (Redacted, o Jarhead). Ahora Kathryn Bigelow retoma el tema, una directora que según un actor es “una top model fuera del set y una sargento dentro de él”

Bigelow estuvo casada meses con James Cameron y se nota que ambos adoran todo lo militar. Tal vez se ponían el uniforme para echar un polvo, o puede que su fetichismo se limite exclusivamente a las películas que hacen. Cameron supera ampliamente en curriculum a su ex, pero en los próximos Oscars se puede dar la vuelta a la tortilla.

Porque una directora hasta ahora más bien mediocre, con películas que desperdiciaban excelentes puntos de partida (por ejemplo, Días extraños o Le llaman Bodhi), ha logrado una de las visiones más marcianas y abstractas que sobre la guerra se han visto en el cine, irritando por igual a los que le exigían una condena firme del conflicto como a los defensores de la invasión.

La historia de William James (sensacional Jeremy Renner, que debería ganar el Oscar aunque por desgracia tiene pocas posibilidades teniendo enfrente a momios como Bridges, Clooney o Freeman) es un adicto al riesgo que llega a Bagdad dispuesto a desactivar bombas y que se encontrará con un auténtico infierno en la tierra.

Angustiosa (esa espectacular escena en el desierto, en la que la amenaza no es más que un punto en el horizonte resulta aterradora), con un dominio de la narración y del ritmo deslumbrantes, Bigelow nos muestra una pesadilla muy real magistralmente dirigida y que deja en nada la pirotecnia de Avatar a la que el próximo domingo, esperemos, dará un baño de humildad que se recordará mucho tiempo.¿O no?

martes, 23 de febrero de 2010

La Carretera


Cormac McCarthy consiguió con esta novela una rara unanimidad. Sus historias fronterizas tienen una prosa espectacular y una impagable galería de personajes pero pueden llegar a resultar agotadoras por los excesos que acumulan. En cambio, La Carretera se convierte rápidamente en uno de los libros favoritos de casi todos los que la leen. Breve, espeluznante y con aparente economía de recursos, consigue estremecer. Con una narración seca nos deja literalmente congelados. Frases escuetas, que no necesitan exceso de adjetivos ni de palabras pero que lo dicen todo.

Su adaptación al cine ha tenido una desarrollo tortuoso: Un rodaje que se adivina muy difícil, un resultado en el que los productores no parecían confiar cuando colaron en el tráiler imágenes de catástrofes naturales más propias de una película tipo 2012, los enfrentamientos entre el director y el protagonista, la ausencia de premios y candidaturas para una película que aspiraba a muchos Oscars…

La verdad es que con el material de partida con el que contaban y con tanto talento en el equipo artístico, era difícil hacer una mala película. Y La Carretera no lo es. Pero si la novela es absolutamente rupturista, revolucionaria en la forma y el fondo, el director John Hillcoat ha optado por la mera ilustración. Ni siquiera ha tenido que recortar nada dada la brevedad del texto.

Las mejores adaptaciones aprovechan otros lenguajes para aportar algo al original. Aquí se podían haber añadido personajes, se podía haber cambiado el final. Pero no, se ha optado por una fidelidad algo irritante. La historia es estremecedora, así que impactará a quiénes no la conozcan. Mientras, los fans de MacCarthy recomendaremos el libro y constataremos que Hillcoat es un gris artesano. Y que sólo el trabajo de los actores (en especial Mortensen, que parece no haberse lavado en años para meterse en el papel) y la excelente fotografía hacen olvidar en parte la decepción de los que esperábamos mucho más.

viernes, 22 de enero de 2010

La Cinta Blanca


Lo primero que sorprende de La cinta blanca es el clasicismo de su puesta en escena. Viniendo de un director tan agresivo en sus propuestas (Funny Games, Código desconocido), es chocante encontrarse con un “look” que casi parece salido de una adaptación british de algún libro de E.M. Forster. Sin embargo, ese blanco y negro inmaculado ya nos advierte de las intenciones de mostrar contrastes agresivos.

Con referencias tan dispares como el terror de El pueblo de los malditos o la denuncia del fanatismo luterano tan habitual en Ingmar Bergman, la última ganadora del Festival de Cannes nos muestra con un impresionante poder de sugestión los efectos de la mala educación, suave en las formas pero brutalmente represiva y de una violencia soterrada pero espeluznante. Al final, no estamos tan lejos de La Pianista, pues poco se nos muestra directamente, pero lo que vemos nos aterra y nos sugiere todo lo que se esconde tras esas formas exquisitas y esos sentimientos y pasiones amordazados, literalmente atados a las patas de la cama.

Mucho se ha hablado sobre las referencias que contiene a la génesis del nazismo, ya que los niños del año 1916 serían los adultos que desencadenarían la locura en los años 30. Sin embargo, sabemos por Bergman que en Suecia no andaban muy lejos de esta brutalidad en el modelo educativo y sin embargo no fue la cuna de Hitler. Muchos otros factores influyeron en que esa sociedad, corrompida y resentida, llegase a una de las cimas de autodestrucción de la historia de la humanidad.

Ningún amante del gran cine debería perderse La cinta blanca que con una exquisita belleza formal, nos asoma a los abismos más oscuros de la condición humana. Escenas tan aparentemente formales pero de brutalidad extrema como el diálogo entre el médico y la comadrona sobre el futuro de sus relaciones, son absolutamente memorables y formarían un díptico imprescindible con la que ya ha sido saludada como una de las cumbres de la literatura del Siglo XXI, Las Benévolas de Jonathan Littel. Ambas, nos ayudan a comprender qué pasaba en esas sociedades, austríaca y alemana, para alumbrar el huevo de la serpiente y cómo la población y el ejército terminaron por adaptarse con resignación a la locura en la que sus dirigentes embarcaron al mundo.

miércoles, 6 de enero de 2010

Bienvenidos a Zombieland


Con una presentación a lo grande en Cancún se dio a conocer al mundo la última película sobre zombies (y este año van…) , aunque en este caso sea una comedia. Algunos periodistas viajaron gratis a un todo incluido cortesía de Sony, por lo que no nos extraña la cantidad de publicidad gratuita y los comentarios tan favorables que hemos visto/oído.

Los que no viajamos a Cancún gracias a Sony vemos en esta Tierra de Zombies una película de serie z sin gracia, con un guión defectuoso al que le falta ritmo e interés. Una cagada de un principiante llamado Ruben Fleischer que sin embargo ya prepara una segunda parte tras el éxito de la primera.

Lo más increíble es que hay gente que se parte de risa en el cine viendo las chorradas de Woody Harrelson, Abigail Breslin (ex Pequeña Miss Sunshine decidida a convertirse en estrella trash) y compañía; su inenarrable visita a la mansión de Bill Murray; o ese final en el parque de atracciones en el que ni la acción ni los gags funcionan, ni interesan, ni tienen ningún suspense o gracia.

Reivindicación del orgullo de ser idiota, apología de la comida basura (la búsqueda del personaje de Harrelson, su máxima felicidad en el fin del mundo sería comerse uno de esos pastelillos industriales repletos de grasas saturadas) y finalmente subproducto para públicos con nulo nivel de exigencia, Bienvenidos a Zombieland sería el reverso de la genial Zobies Party, que pintaba una socieddad tan idiotizada que era difícil distinguir a los vivos de los muertos vivientes. Un mundo que ya está aquí, que es tan imbécil como para que triunfen películas como esta.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Actividad Paranormal




El bombazo inesperado de este año (al menos en Estados Unidos) tiene un aire de fenómeno inexplicable. En él parece que tiene mucho que ver el marketing viral, el boca –oreja y la poderosa (y experta) mano de Spielberg que ha intervenido en algún momento del proceso de distribución.

En los tiempos de las descargas porInternet y cuando los estudios buscan en el gran espectáculo y las 3-D argumentos para atraer al público al cine, triunfa una película con escasa calidad de imagen y un aire de serie b setentera.

Se ha comparado Actividad Paranormal con El Proyecto de la Bruja de Blair, pero mientras ésta se basaba en el factor sorpresa, en la absoluta novedad de su propuesta y en un guión muy trabajado que aumentaba la tensión poco a poco hasta hacerla insoportable, en este caso el descuido en la narración, el exceso de lugares comunes y esa parte final desastrosa en la que nada de lo que pasa es verosímil (esas dudas absurdas sobre si marcharse o no de la casa), además de unos actores que no llegan ni a amateurs, hacen fracasar cualquier atisbo de claustrofobia y la alejan de las propuestas más sugestivas del cine de terror.

A su favor sólo algunos momentos inquietantes basados en una pregunta sin respuesta: ¿Qué pasa en nuestras casas mientras dormimos o cuando estamos fuera?. Mejor no conectar una cámara o un micrófono para comprobarlo…

martes, 10 de noviembre de 2009

La Huérfana


El spanish terror, tan de moda últimamente, no sólo implica el éxito de películas españolas del género en todo el mundo (Rec, El orfanato), sino también la exportación de directores que buscan suerte en otras latitudes.

Es el caso de Jaume Collet-Serra, que venía de dirigir un bombazo en la taquilla americana, La casa de cera, nada menos que con Paris Hilton animando el cotarro. Ahora La Huérfana supone un paso adelante y, aunque respeta en exceso convenciones de la película con psicópata (ese final alargado visto una y mil veces en cientos de películas), su mayor originalidad está en el clima malsano y políticamente incorrecto que introduce la supuestamente dulce Esther en la casa de sus padres adoptivos.

Con una puesta en escena inquietante y retorcida y un cuidado exquisito de los detalles (los cuadros, los tremendos estilismos que se gasta Esther) lo mejor de la película es su excelente reparto, algo no muy habitual en el género. Y por encima de los padres (Vera Farmiga y Peter Sarsgaard), descuellan claramente unos pequeños actores asombrosamente bien dirigidos. Aryana Engineer (Max) nos deja con la boca abierta pese a su cortísima edad, aunque el plato fuerte es la interpretación que hace Isabelle Fuhrman de la huérfana protagonista, auténticamente antológica y que se sitúa desde ya junto a otras tan legendarias como la de Patty McCormack, que con 11 años fue finalista al Oscar por ser una niña perversa en La mala semilla.

jueves, 29 de octubre de 2009

Cine de Terror


Ahora que se acerca la Noche de Difuntos, nada mejor que recordar 13 películas de terror. Inolvidables, aterradoras y apropiadas para celebrar como se merece una fecha tan señalada...

Aliens, El regreso (James Cameron): Aunque las segundas partes mediocres son habituales en el género, Aliens es la secuela perfecta. Partiendo de una obra maestra absoluta desarrolla algunas de las incógnitas no resueltas por Ridley Scott y juega la baza de multiplicar el terror y la tensión hasta cotas inimaginables. Sus dos horas y media pasan como un angustioso suspiro y se deja ver una y otra vez, lo que demuestra que Cameron no tiene rival cuando se lo propone.

Asalto a la comisaría del Distrito 13 (John Carpenter): Planteada como una del oeste (de hecho la historia es casi calcada a la de Rio Bravo), el mejor Carpenter logra una de las cimas del género con una narración angustiosa como pocas o seguramente como ninguna, demostrando de paso que puede dar mucho más miedo la comprobada crueldad humana que una improbable resurrección de zombies.

Carrie (Brian De Palma): Adaptando a Stephen King, De Palma logra poner la carne de gallina con la historia de esa niña con telequinesis maltratada por la vida, por su madre (tremenda Piper Laurie) y por sus compañeros de colegio. Media hora final de antología pocas veces superada en el género.

En compañía de lobos (Neil Jordan): El cuento de Caperucita es perversamente interpretado por el mejor Jordan. Con una estructura laberíntica y una excelente ambientación que remite a El Bosco, el resultado es una de las películas más originales e insólitas jamás filmadas.

El exorcista (William Friedkin): Utilizando una coartada pseudoreligiosa, Friedkin logró un éxito apoteósico y desmayos en los cines con los vómitos y obscenidades de la niña Regan. Con el paso del tiempo algunos han intentado devaluarla hablando de lo ridículo que queda todo aquello ahora. Probablemente tras decenas de parodias y frases que se prestan al chascarrillo (“¿Has visto lo que ha hecho la guarra de tu hija???”) sea posible echarse unas risas, pero a muchos la primera vez que la vimos nos dio mucho mucho miedo…

La noche de Walpurgis (León Klimovsky): El ejemplo perfecto del cutre-terror-hipano-que-quiere-pasar-por-serie-b-americana es esta muestra de cine de vampiras con mucha ambigüedad y sugerencia sexual. Seguramente todo queda un poco casposo, pero no se le puede negar un gigantesco encanto kistch y una fuerte personalidad.

La profecía (Richard Donner): Otro icono del cine de terror es Damien, el hijo de Belcebú llegado a la tierra para sembrar el mal. Gregory Peck y una magnífica y muy inquietada Lee Remick eran los padres adoptivos del mofletudo nene que llegó del infierno. Una estructura de precisión diabólica, algunas escenas memorables (el suicidio de la niñera: “Damien, lo hago por ti”) y una memorable música del maestro Jerry Goldsmith (su único Oscar) completan un clásico.

El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez): Una vez más se demuestra que el miedo, como la risa, va por barrios. A muchos les pareció que esta película era una chorrada y que no asustaba nada. A otros, su realismo de cámara en mano, los ruidos de origen desconocido, la apuesta por sugerir mucho más de lo que se muestra y ese bosque fantasmal, nos provocaron más de una noche de insomnio.

Rabia (David Cronenberg): Si hablamos de grandes del género es imposible olvidarse de Cronenberg. Aunque en su última etapa su cine ha dado un giro hacia temas más “serios” o “profundos”, muchos añoramos sus comienzos, con tramas morbosas y malsanas relacionadas con el mal uso de la medicina. En Rabia, la estrella porno Marilyn Chambers despierta de su operación de estética con un insaciable apéndice en su axila, que extenderá una epidemia por la ciudad… Con ese argumento y Cronenberg tras la cámara, sólo podemos esperar hora y media de intenso disfrute.

Ringu: El círculo (Hideo Nakata): La película que descubrió en occidente a Nakata, provocó un fuerte impacto por su capacidad para generar atmósferas asfixiantes y plantear historias novedosamente inquietantes. El vídeo que asesinó a varios adolescentes tras cargarse a la estrella de la radio conoció un afortunado remake en los USA, si bien las copias siempre tienen menos mérito que el original.

Saw (James Wan): Iniciadora de una saga interminable, el primer Saw provocó un shock por su originalidad y por abrir una línea tan extremadamente morbosa que el aficionado al género con más escrúpulos termina la película convencido de que el mundo está lleno de mentes enfermas (los creadores y los que difrutamos viendo algo así).

El Silencio de los Corderos (Jonathan Demme): El Doctor Lecter es un indiscutido en el olimpo de los grandes asesinos del cine. Aunque sea una hermanita de la caridad comparado con Michael Myers, la extraordinaria caracterización de Anthony Hopkins y su legendario duelo dialéctico con Jodie Foster provoca escalofríos incluso en el recuerdo. Un pulso maestro que no decae en ningún momento y un director en estado de gracia redondean una película que está entre las más grandes de todos los géneros y de todos los tiempos.

Suspiria (Dario Argento): El llamado giallo procede de Italia y podría definirse como un terror de argumento retorcido, puesta en escena barroca y música atronadora. Tras el éxito de El pájaro de las plumas de cristal, el maestro Argento rodó las mejores muestras del subgénero contando incluso con estrellas internacionales en sus repartos. Para mí Suspiria es la cumbre, con mucha sangre, mucha crueldad y, como siempre, sorpresa final.