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miércoles, 19 de octubre de 2011

Contagio

A Steven Soderbergh siempre le ha gustado ser el más listo de la clase y esto lo traduce en jugar al desconcierto, cambiando constantemente de género, de presupuesto y de resultados con films que van desde Ocean’s Eleven o Erin Brockovich a marcianadas como Full Frontal.

Ahora sus aspiraciones son muy altas. Los parecidos de Contagio con su película más premiada, Traffic, son evidentes. Tras la crisis mundial (y posterior escándalo por la alarma ¿injustificada?) que supuso la Gripe A, el director se propone diseccionar los mecanismos de transmisión de un virus altamente contagioso en pleno siglo XXI y cómo occidente podría reaccionar ante una avalancha de muertes y pánico desconocidos en el primer mundo desde hace mucho tiempo. Todo ello cerca del rigor documentado y lejos de las paranoias apocalípticas del cine de terror.

La brillantez de la primera hora es desarmante. Con un pulso envidiable nos introduce en todos los frentes de la situación de emergencia (las autoridades, los medios de comunicación, los investigadores, las víctimas). El problema es que después todos parecemos estar exhaustos, empezando por el propio narrador, y las ambiciones de abarcar demasiado acaban desbordadas. En especial se resiente la descripción del pánico, que queda desdibujada ante la frialdad científica que preside el desenlace.

El reparto es deslumbrante, pero descuellan una sensacional Gwyneth Paltrow (que pide a gritos papeles dignos de su talento que le llegan con cuentagotas) , clave en el relato, y que preside los planos de inicio y de fin de la película; y Kate Winslet, quizá la mejor actriz de su generación, capaz de sobrecogernos con un par de miradas o esa terrible llamada desde la habitación del hotel.

Y el mayor merito de Soderbergh: Salimos de la sala aterrorizados ante la posibilidad de tocar el pomo de una puerta o rascarnos la nariz, como Howard Hughes. Avisados quedáis.

jueves, 13 de octubre de 2011

Nader y Simin, una separación

Los telediarios nos dan una imagen hermética de Irán. Una sociedad integrista e intolerante comandada por fanáticos. Por eso es muy interesante acercarse a una película como esta que, lejos del cine contemplativo que suele llegar desde esas latitudes, nos da una visión interna de lo que realmente sucede en Teherán.

La historia comienza con la separación de una pareja pero, lejos de proponernos un drama matrimonial, el director nos sumerge en la catarata de acontecimientos que surgen tras este divorcio: Una explosiva mezcla de conflictos surrealistas, jurídicos, religiosos y de conciencia que se producen tras un suceso en casa del protagonista, que nos lleva a un desarrollo de cine “de juicios” pero juicios iraníes en la antípodas de lo que solemos ver en las películas americanas.

Con infinita inteligencia, Asghar Farhadi nos propone más de un punto de vista, y nos muestra a unos personajes que no son ni buenos ni malos, sino victimas de sus circunstancias, su sociedad y su educación. Mientras, el espectador asiste estupefacto a la deriva que toma la vida del protagonista, un buen hombre que provoca en un momento de ira justificada una auténtica desgracia a su alrededor cuyas consecuencias se ramifican una y otra vez como en una pesadilla.

Ganadora de todos los premios imaginables en el último Festival de Berlín, no hay que fijarse ni en el horrible cartel ni en un título tan poco atractivo (que parece elegido por el peor enemigo del productor para que nadie vaya a verla). Merece la pena acercarse a la historia de Nader y Simin, que nos ayuda a comprender un poco lo que sucede en un pais para nosotros tan marciano.

domingo, 9 de octubre de 2011

El árbol de la vida

La Palma de Oro en Cannes llegó casi por aclamación para Terrence Malick, que con sólo 5 películas es adorado por la crítica pese a que al público no parezcan gustarle tanto sus propuestas.

El caso mas sonado es éste. Estrenada en multicines y con un cartel que explota al máximo el reclamo de Brad Pitt, atrajo a pokeros y juanis de extrarradio que salen huyendo a la media hora espantados ante las esteticistas imágenes y la sospecha de tener que realizar algún tipo de esfuerzo intelectual. Inmediatamente ponen a caldo el filme en su Facebook.

Y es que Malick nunca lo ha puesto fácil. Si en sus inicios Días del cielo y Malas tierras fueron carne de sala alternativa pese a tener líneas narrativas más o menos convencionales, el regreso tras muchos años de retiro fue La delgada línea roja, alegato antibelicista con toques de anuncio de Timotei (esos columpios y melenas al viento…), que provocó bostezos por doquier entre los no avisados.

Ahora, la reflexión filosófica sobre de dónde venimos y adónde vamos adopta un tono decididamente ambicioso, de obra cumbre, de película total. Media hora para contar cómo nació el mundo y la vida, dos hora para contar por qué Sean Penn tiene un trauma infantil. Nadie puede exigirle prisas a quién decide que cada imagen sea una cuidada lección de cine, que cada gesto nos lleve a una sensación de nuestra vida, que ese padre autoritario nos asuste y le odiemos casi tanto como su hijo, que percibamos suave pero implacablemente cómo la ingenuidad y felicidad de la infancia se tornan poco a poco en el descubrimiento de las miserias humanas, las envidias, la frustración, la infelicidad.

Porque si lo que quieres es droga dura para las neuronas, una aventura tonta o una acción desmadrada no debes ver El árbol de la vida. Sólo si te interesa el cine con mayúsculas, el de gran ambición y grandes resultados, el de imágenes bellísimas, el que busca provocar sensaciones y remover el interior, sólo entonces disfrutaras plenamente de ella. Y eso a pesar de esa playa new age del final…

martes, 6 de septiembre de 2011

La piel que habito

Qué pena que la omnipresencia mediática de Almodóvar finalmente haya casi desvelado la totalidad de los secretos de La piel que habito. La mejor manera de verla sería no conocer nada sobre su argumento y dejarse sorprender por su historia y por esos personajes atormentados que convergen en una casa de Toledo.

El deseo y sus inesperadas leyes llevan a un cirujano plástico (sensacional y muy contenido Banderas) a sentirse atraído por su experimento (tras ver a Elena Anaya, no parece que ninguna otra actriz hubiese podido enfrentarse a este personaje) aunque el pasado de ambos marca, y de qué manera, su relación.


Aunque se base en una novela de terror, yo no veo ni rastro de este género. Mucho menos ecos de Argento y el giallo como se ha publicado por ahí. El director, en un giro radical, abandona por completo las secuencias humorísticas que rompen el ritmo de muchas de sus películas y se lanza a un melodrama desaforado, uno de los más salvajes que se han visto, con una historia de amor realmente extrema de esas que sólo se atreve a contar él.


Con un estilo más depurado pero con diseño marca de la casa, La piel que habito no es apta para los detractores del manchego. Su tremenda personalidad está aquí más fuerte que nunca y abandona todas las concesiones a la comedia que le hacen reconciliarse a veces con sus críticos más feroces. Marciana como pocas, original como ninguna, o te gusta o la odias, no hay término medio. Y a mí me gusta.

martes, 14 de junio de 2011

Año Bisiesto


Los amantes del cine extremo tienen un cita irrechazable con Año Bisiesto. Rodada por un australiano afincado en México y ganadora de la Cámara de Oro (mejor opera prima) en Cannes 2010, la historia de soledad de una mujer que vive aislada de su entorno y que únicamente se relaciona con el exterior buscando sexo rápido e insatisfactorio, es una de las apuestas más radicales vistas últimamente.

La protagonista, Mónica del Carmen (alucinante nombre para una actriz) lo da todo, al menos físicamente. Otra cosa es que su interpretación sea satisfactoria teniendo en cuenta la complejidad de lo que se quiere contar y la exigencia de una cámara que rueda la rutina diaria de forma inmisericorde con los actores y con el espectador.

La primera parte es una sucesión de planos de ella comiendo, masturbándose, hablando por teléfono y comiendo otra vez. Dependiendo del día esto se puede considerar claustrofóbico o irritante. Si se consiguen aguantar esos 40 minutos, lo que viene después quizá sea más interesante, una relación autodestructiva, masoquista y hasta cierto punto incomprensible.

Relacionada íntimamente con algunas salvajadas que de vez en cuando llegan de Asia, es difícil recomendar algo así. Sólo para aficionados a rarezas y con paciencia para contemplar vidas insólitas.

lunes, 9 de mayo de 2011

Tokio Blues

Haruki Murakami es un escritor de culto, superventas y fan de Isabel Coixet (y ella fan de él). Todo esto es imprescindible que lo sepa quien quiera aproximarse a su universo. Si odias a Coixet probablemente no deberías leerle. Tampoco es apropiado en estados de fuerte depresión, ya que tal vez te empuje al suicidio.

Sus libros enganchan, están bien escritos y se parecen unos a otros en sus personajes solitarios que se conocen en circunstancias difíciles y entablan conversaciones casi de confesionario. El tiempo dirá si su obra perdura o si simplemente ha sabido dar en el clavo de las preocupaciones de una generación determinada.

Ahora llega la primera adaptación al cine y curiosamente no la ha realizado un japonés sino un vietnamita afincado en Francia (los gabachos han visto claro el business de sus millones de fans). Es Tran Anh Hung, cuyo Olor de la papaya verde nos descubrió en los 90 que el cine contemplativo no era patrimonio exclusivo de Irán.


La traslación de Norwegian Wood (el título lo cambió en España el editor por Tokio Blues) resuelve con la voz en off algunos pasajes, mientras opta por un fuerte lenguaje visual especialmente en la segunda parte. Las imágenes son muy hermosas, pero la morosidad en la narración (casi se tarda más en ver la película que en leer el libro) es un lastre casi insalvable para los no aficionados a la observación de naturalezas muertas.


Por lo demás, Murakami en estado puro: Mucho sexo y mucha depresión. Mejor llevarse el Prozac para tomarlo de postre.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Incendios

De Canadá llega uno de las películas más interesantes e impactantes que hemos visto en 2011. Derrotada en los Oscars (¡cuántas injusticias este año!) por En un mundo mejor, Incendios nos sumerge en los conflictos de Oriente Medio a partir de la investigación que realiza una mujer tras la muerte de su madre.

Lejos del discurso maniqueo o del docudrama de tesis, aquí nos encontramos con una historia absorbente, apasionante, casi detectivesca, que consigue que olvidemos lo rocambolesco de su desenlace gracias a un excelente in crescendo dramático y a un director que maneja con mano de hierro un rompecabezas lleno de trágicas paradojas y terribles casualidades.
Con un nivel técnico excepcional, Incendios nos recuerda que no es necesario aburrir ni adoctrinar para reflexionar sobre determinados conflictos, y se sitúa en la órbita de otras grandes películas como El Polvorín, Before the rain o En tierra de nadie, sólidos dramas, bien narrados y a la vez excepcionales testimonios de las guerras de los Balcanes o Palestina.

domingo, 24 de abril de 2011

En un mundo mejor

El cine danés hace tiempo que nos sorprende con temáticas muy diferentes a las tratadas en otras latitudes. Sólo en una sociedad tan avanzada podía surgir el movimiento dogma, películas como Celebración o cineastas como Las Von Trier cuyo Anticristo nos dejó hace poco boquiabiertos por su radicalismo. Seguramente cuando todas las necesidades básicas están cubiertas (con trabajo y esplendorosos estado del bienestar más que asegurados) a uno se le empieza a ir la olla y se plantea problemas psicológicos, sexuales o afectivos inéditos en otros países.

Susanne Bier ha ganado el Oscar a la Mejor Película Extranjera con esta historia sobre un médico cooperante en África que se encuentra con que su hijo que lo tiene todo se enfrenta a problemas de acoso en el colegio y a los que le acarrea un nuevo amiguito que no es tan bueno como aparenta. Como en obras anteriores de la directora, el acabado técnico es brillante, pero se echa de menos que vaya más al grano y acaban saturando tantos frentes abiertos: Las relaciones conflictivas de los padres, el niño traumatizado, la madre muerta de cáncer con un sufrimiento extremo, la guerrilla africana atacando un campamento, el líder sanguinario que abre en canal a las embarazadas…Todo un cóctel tremebundo de dramas, bastante inverosímil que se den todos juntos. La propia realizadora reconoce que la violencia en los colegios no es un problema especialmente grave en Dinamarca, pero parece haber querido buscar algo malo en un lugar en el que es difícil encontrarlo. Y esa conclusión sobre la aparente mayor felicidad de los niños más pobres del mundo frente a la frustración de los más afortunados del planeta es, cuando menos, discutible.

sábado, 26 de febrero de 2011

El Boxeador (The Fighter)

En los Oscars siempre hay una película cenicienta, la que tiene muchas candidaturas pero no se lleva ningún premio. Este sería a priori el papel de El Boxeador, pero… cuenta con un excepcional reparto y unos personajes muy agradecidos, de esos que siempre ganan estatuillas:

  • Mark Wahlberg. Se ha quedado sin nominación como actor aunque es candidato como productor. Interpreta a un buen chico que sufre un drama muy masculino: se debate entre la fidelidad a su familia, una panda de frikis que dependen de su trabajo y su estabilidad mental, y su chica que, obviamente, odia a su futura suegra y es bastante más sensata pero también algo egoísta.
  • Christian Bale. Adicto al crack, ex boxeador, perdedor… Su Dicky Eklund tiene todas las papeletas para ganar como secundario el domingo. Además, ha perdido un montón de kilos y aparece irreconocible feo y con ojeras. Al esforzado Bale le encantan estos tours de force e incluso cuando hace de Batman parece estar recitando a Shakespeare.
  • Melissa Leo. Otro Oscar (actriz secundaria) casi seguro. Encarnando a una madre estrafalaria (con ecos de la inmortal Stella Dallas de Barbara Stanwick), manipuladora y patética aunque con la autoestima por las nubes, a Leo le toca ganar este año tras perder hace dos por su mucho más compleja composición en Río Helado.
  • Amy Adams. Compite con Leo, lo que le resta posibilidades. Su personaje es menos agradecido aunque borda la novia de boxeador, fracasada y atrapada en un pueblo infecto (aunque con aspiraciones bastante más elevadas) y condenada a entenderse con su temible familia política. Es su tercera nominación tras Junebug y La Duda.

Este póker de ases es lo mejor de El Boxeador que, por lo demás, repite esquema de telefilme de sobremesa (caída y auge de deportista con familia problemática). Técnicamente es irreprochable, pero tiene un desarrollo bastante previsible.

7 Candidaturas Oscar 2011: Película, Director, Actor Secundario (Christian Bale), Actriz Secundaria (Melissa Leo y Amy Adams), Guión, y Montaje.

sábado, 5 de febrero de 2011

El Discurso del Rey

El cine monárquico sigue en plena forma. No sabemos si la casa Windsor financia bajo cuerda determinadas películas para mantenerse en el poder eternamente, pero los reyes británicos de Enrique VIII (en Los Tudor) a Isabel II (en The Queen) pasando por Isabel I (en Elizabeth y otras muchas) lucen sus mejores galas y liderazgos un año tras otro. Aunque algunos directores digan que quieren criticar, al final parecen misteriosamente seducidos por sus personajes que son guapos, listos y admirables.

Lo último es este Discurso del Rey. Con un clasicismo que se agradece mucho en estos tiempos de películas histéricas, tours de force imposibles y formas narrativas indescifrables, Tom Hooper empieza en el principio y acaba por el final apasionándonos con la historia del tartamudo Jorge VI. Impecablemente rodada y excepcionalmente dirigida, los 15 minutos finales son de los que no se olvidan nunca.



Por supuesto, gran parte del mérito la tienen unos actores sensacionales (ver esta película doblada es una opción que nadie se debe plantear), empezando por Colin Firth, Oscar fijo en la quiniela de 2011, y siguiendo por Geoffrey Rush, que como ya tiene uno seguramente este año no le toca. En cuanto a Helena Bonham Carter, está estupenda recién duchada y peinada lejos de la madriguera en la que parece que la mete su marido Tim Burton.

En fin, que los que veíamos en la tele a la borrachina Reina Madre con 90 años poco podíamos imaginar lo gran lideresa que fue en la II Guerra Mundial y lo mucho que apoyó a su talentoso marido. O tal vez todo sea un poco exagerado, pero es lo que tienen las grandes películas, que nos las creemos aunque seamos republicanos. Y ojo que a lo mejor tenemos sorpresa en el Oscar al mejor director y se lo queda Hooper frente al favorito Fincher….
12 Candidaturas Oscar 2011: Película, Director, Actor (Colin Firth), Actor de Reparto (Geoffrey Rush), Actriz de Reparto (Helena Bonham Carter), Guión Original, Música, Vestuario, Dirección Artística, Fotografía, Montaje y Sonido.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Chloe

Atom Egoyan marcó en los 90 a los habituales de las salas en VO. El Liquidador y, sobre todo, Exótica y El Dulce Porvenir están entre lo mejor que se estrenó en esos años. En una televisión que no se parecía en nada a la actual programaron un ciclo de sus primeras películas y de madrugada nos quedamos boquiabiertos descubriendo rarezas como Cintas Cambiadas.

Relaciones familiares morbosas, siniestras, incomprensibles, voyeurismo, el VHS como defectuoso narrador, Canadá como escenario extraterrestre. Todo esto marcaba las obsesiones del director por entonces, recuperadas ahora en Chole.
Una pareja de alto estanding, de esas que en España enseñan su casa en La Sexta, comienza a tambalearse ante las sospechas de la ginecóloga esposa (Julianne Moore) de que su inteligente y profesor marido (Liam Neeson) la está engañando. Entra en juego una puta también de alto estanding, de esas que en España salen en los programas de Tele 5, que complicará y mucho la plácida y rica existencia del matrimonio y de su sensible, egoísta y ligón hijo.

El ambiente malsano y amenazador marca de Egoyan brilla como nunca gracias a los medios con los que ha contado esta vez, aunque el guión sea mucho más convencional y previsible de lo habitual. Pese a todo, reconforta reencontrarse con un cine diferente e inquietante, y comprobar de nuevo que los ricos también lloran (¿?)

domingo, 12 de diciembre de 2010

Biutiful

Dice Alejandro González Iñárritu que el título de la película hace referencia a que incluso en las situaciones más terribles, siempre hay lugar para la belleza. Sin embargo, en este, su último trabajo, precisamente belleza no hay ninguna.

Más bien parece que el título sea irónico: El argumento es una acumulación inverosímil de desgracias, de personajes depauperados, de escenarios malolientes, de miseria, de comportamientos inmorales, de suciedad, de casas feas, de calles oscuras y repugnantes.
Los excesos de depresión, de negrura, de movimientos de cámara (esa redada a los manteros no puede estar peor rodada), de diálogos indescifrables, de metraje (dos horas y media), la absoluta falta de contención en un guión que quiere hacer Babel en Barcelona con catalanes, chinos, senegaleses… Todo suma un despropósito, una mancha negra en la carrera de su hasta ahora sensacional director. Lo que en sus anteriores filmes era poesía, drama desgarrador, vidas que colisionaban para mostrar un fresco realista de la sociedad de principios del S. XXI queda aquí en una caricatura, en un indigesto cruce de referencias que van desde el naturalismo (las hormigas, las cucarachas como espejo de los protagonistas) al terror japonés (las visiones de muertos) pasando por un desconcertante surrealismo (la discoteca con bailarinas que tienen culo en lugar de cara)
Sólo se salva algún momento poderoso (el taller oriental y los dormitorios-patera) y un Javier Bardem como siempre muy metido en el papel, aunque el resto del reparto esté bastante descompensado (ay, qué mal Maricel Álvarez como su mujer…)
Por lo demás, la España de ZP pinta terrible en esta cinta pagada en parte por RTVE. Servicios sociales inexistentes, policía corrupta y brutal, marginalidad extrema, inmigrantes explotados… El discurso de la cohesión social, del estado del bienestar, del “lo bien que se está aquí frente al neoliberalismo extremo” queda despedazado por la mirada del director mejicano.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Estrella Brillante (Bright Star)

Con El Piano, Jane Campion no sólo consiguió un puñado de Oscars, la Palma de Oro en Cannes y el reconocimiento de medio mundo (el otro medio odió las piruetas de la ahora enamorada de un vampiro Anna Paquin y la música de Michael Nyman). Consiguió además transportarnos a muchos a aquel recóndito paraje junto a una excepcional Holly Hunter y que nos sintiésemos parte de aquella desgraciada historia.

Lo que vino después defraudó todas las expectativas (especialmente el horror de En carne viva, con una Meg Ryan en pleno postoperatorio de su terrorífica reforma facial).


Ahora Campion vuelve al cine de otra época para contarnos la desgraciada vida y amores del poeta John Keats. De nuevo nos engancha aunque no le podemos perdonar tres errores garrafales:

  • La sobrecarga de cursilería, contenida a veces, pero que estalla en unos títulos de crédito finales realmente insoportables por esa música de fondo que acompaña al poema que cierra la película.
  • El guión se pone al servicio de la puesta en escena, con relamidos planos, excesos artísticos y metafóricos que saturan (las cortinas volando y haciendo penetrar el aire bajo el camisón de la protagonista)
  • No sabemos nada de los secundarios, que tanto juego dan siempre. Son como floreros o manteles, parte de la decoración.

Una lástima, porque el poderío narrativo de la directora es evidente, pero esta vez ni nos emociona ni nos deslumbra, y nos decepciona por el brillo que adivinamos, pero que nunca se muestra en todo su esplendor.

viernes, 27 de agosto de 2010

El Silencio de Lorna

Los Hermanos Dardenne de caracterizan por un cine seco, sin concesiones, con tramas que podrían considerarse de cine social con la diferencia de que sus personajes no están nada idealizados. Por ser pobres o estar explotados normalmente no son mejores personas que sus explotadores.

En El silencia de Lorna dulcifican relativamente su discurso. La protagonista está inmersa en una trama de bodas de conveniencia que a veces le hace actuar de manera deplorable, pero en esta ocasión su relación con el marido heroinómano la redime frente a otros personajes de los directores, como la tremenda Rosetta (Palma de Oro en Cannes)


Aquí Lorna (y especialmente su marido) actúan como contrapunto a un mundo sucio y despiadado en el que los sentimientos no cuentan. Con un retrato muy realista de la adicción a las drogas en la primera parte de la película, los Dardenne consiguen algunos de los mejores momentos de su filmografía (el mono que acaba en polvo, el internamiento en el hospital, la despedida en la bicicleta seguida de una excelente elipsis). La segunda parte no está a la altura, aunque ese final abstracto e inverosímil que ha sido tan criticado tiene el encanto de las rarezas.

viernes, 30 de julio de 2010

Villa Amalia

El último cine francés tiene fama de ladrillo, en muchos casos con fundamento, pero como cualquier generalización puede ser injusta. Villa Amalia recoge lo mejor y lo peor del país vecino: Temas diferentes, atractivos, que por supuesto nunca Hollywood (ni el cine español) abordará, pero con una forma narrativa morosa, a veces crispante.
Isabelle Huppert es de nuevo pianista aunque, a diferencia de la película de Michael Haneke en la que también lo era y encontraba placer sexual en cortarse la vagina con una cuchilla de afeitar, aquí decide plantar a su infiel marido y dejarlo todo para huir lejos del mundanal ruido. La actriz francesa clava como nadie estos papeles de tía borde.

Nos da mucha envidia verla en playas desiertas de la Bretaña o con vistas espectaculares desde una recóndita villa italiana mientras en España cuesta encontrar hueco para la sombrilla. Y tal vez también nos dé envidia ver cómo se escapa para iniciar una vida quizá más solitaria pero seguro que más feliz. Lástima que no tengamos pianos por los que nos paguen un pastón en efectivo como a ella.

En pleno verano tenemos más tiempo y más paciencia para disfrutar del cine contemplativo, pero a ratos apasionante, que nos ofrece Benoît Jacquot. Habrá quién lo encuentre irritante, pero hay veces en las que merece la pena hacer un pequeño esfuerzo para alejarse de todo, aunque sea sólo viendo una película.

lunes, 28 de junio de 2010

Yo soy el amor (Io sonno l'amore)


Algunos han hablado hasta de El Gatopardo al escribir sobre lo último de Luca Guadagnino. Sorprendía porque su currículo no es nada brillante (lo último, la adaptación del libro-escándalo Melissa P), pero tras ver la película directamente las comparaciones ofenden.

El retrato de una rica familia milanesa comienza con atención a detalles como la mantelería o los cubiertos de la cena. Luego descubrimos que la supuesta crítica social llega a través de la reprimida protagonista, asfixiada en su vida contemplativa de las vajillas, que se lanza al folleteo loco con un barbudo que pasaba por allí.
Pretendidamente preciosista, ambiciosa en sus referentes (incluso parece apuntar hacia Madame Bovary), Yo soy el amor acaba cayendo en el más espantoso de los ridículos y en un amaneramiento formal que provoca carcajadas: Desde la persecución por San Remo y el orgasmo campestre en el que los protagonistas son los insectos (!) hasta ese tremendo final con un entierro en el que se desata una tormenta que hace llorar a las estatuas (?) mientras una paloma vuela en el interior del mausoleo.

La música, lo forzado de la puesta en escena, la sobreactuada Tilda Swinton… Todo parece indicar que el director se cree un gran artista que maneja una historia trascendente cuando el resultado sólo consigue sonrojar. Nos queda, eso sí, el divertimento de ver cómo la cirugía ha convertido a la sexagenaria Marisa Berenson (foto inferior a la izquierda) casi en gemela de la últimamente de moda Vera Farmiga (Up in the air, foto inferior derecha).

domingo, 14 de marzo de 2010

Una Educación (An Education)


En los años 60, una estudiante inteligente y encantadora (Carey Mulligan) ve cómo sus planes de ir a Oxford y hacer lo que todos esperan de ella puede no ser lo que más le apetezca, sobre todo al conocer a un vividor que le pone en la mano todo lo que gustaría hacer en el futuro, todo lo que pensaba obtener con la universidad y con mucho esfuerzo.

Con este punto de partida, Lone Scherfig, que fue directora del movimiento dogma y que ahora se decanta por una realización de un clasicismo que agradecemos, toma como referencia el tono de una serie excepcional, Mad Men, para retratar la misma época y alguno de los mismos problemas (el papel de la mujer que se rebela contra su rol tradicional)

Con elegancia, con unos diálogos que sugieren mucho más de lo dicen, con un guión brillante, Una Educación lleva el sello de Nick Hornby, que adapta de manera excepcional las memorias de la periodista Lynn Barber demostrando que es uno de los mejores escritores en la actualidad, algo que ya nos quedó claro en dos películas que se basaban en textos suyos: Alta Fidelidad y Un Niño Grande.

Al fin una película que nos devuelve lo mejor del cine. Una historia sencilla pero muy bien contada y unos actores en estado de gracia que nos trasladan a un Londres sesentero para disfrutar y mucho durante dos horas. Lástima que al final pierda algo de su fuerza al optar por un desenlace políticamente correcto, cuando en gran parte de su metraje plantea preguntas incómodas sobre la necesidad y los objetivos de la educación y las diferentes vías para obtenerlos.

jueves, 11 de marzo de 2010

Corazón Rebelde


Lo que cuenta Corazón Rebelde parece que lo hayamos visto ya en mil películas aunque no recordemos el título de ninguna. Un cantante country en decadencia se pasa el día bebiendo, arrastrando su decrepitud, haciendo bolos en garitos infectos y acostándose con borrachas admiradoras que también vivieron tiempos mejores.

Naturalmente en su vida se colará un rayo de esperanza (para eso el cantante está en la tierra de las oportunidades) en este caso en forma de una joven periodista que se lleva el trabajo a la cama. Todo esto suena a Estrenos TV. Y poco más es este drama musical que lleva la firma de un director desconocido e inexperto (antes actor en películas de tercera) que maneja la historia con una corrección cercana a la mediocridad.

Sin embargo, Corazón Rebelde se ha llevado dos Oscars ¿Y eso?. Jeff Bridges al leer el guión debió dar saltos de alegría: Su personaje se pasa la película abrazado a la botella, vomitando, comiendo basura y exhibiendo patetismo. Además canta, toca la guitarra y enseña una barriga gigantesca. El viejo zorro sabía que esto era Oscar seguro y más cuando la academia se lo debía tras 4 candidaturas. De nada sirve que Jeremy Renner o Colin Firth nos hayan impresionado con personajes bastante más complejos. Este era el año de Jeff.

Junto a él, Maggie Gyllenhaal, que empezó haciendo de sumisa esclava sexual de su jefe (en una extraña película llamada Secretaria) pero que con el tiempo se ha pasado al más agradecido drama de sobremesa; y también Colin Farrel que canta el tema que se ha llevado el Oscar. Y es que este año han triunfado las historias de autosuperación. Esperemos que la moda pase pronto.

viernes, 5 de marzo de 2010

Precious


Pocas películas ejemplifican tan bien el divorcio entre la crítica y el público como ésta. Mientras arrasaba en los premios otorgados por los espectadores de festivales de medio mundo (desde Sundance a San Sebastián), la crítica parecía mirarla por encima del hombro.

La verdad es que motivos hay. La historia de autosuperación de Precious Jones está producida por Oprah Winfrey, la reina de la telebasura americana, la Mercedes Milá yanki. En el reparto encontramos nada menos que a Mariah Carey sin afeitarse el bigote creyendo que por eso y por no maquillarse ya es una gran actriz. Y nos echamos a temblar al leer un argumento presidido por violaciones incestuosas, adicción a la comida y maltrato doméstico.

El director podría haber optado por un dramón salvaje como al parecer es la novela en la que se basa. También podría haberle dado un punto de humor negrísimo tipo Todd Solondz. Pero se ha decidido por algo más próximo a una película de sobremesa, dulcificando en parte el tremendo punto de partida, dejando respirar al espectador con las fantasías de la protagonista y con un final ¿feliz?

La opción es respetable pero nos deja algo fríos. Afortunadamente por allí hay dos actrices en estado de gracia, porque ésta es una película de actrices. Por un lado, Gabourey Sibide le da el punto justo a un personaje complicado. Y Mo’nique es una de las cabronas más grandes vistas en la pantalla, una madre maltratadora, egoísta y salvaje que nos petrifica en el asiento. Para ella es el Oscar. Y se lo merece.

lunes, 22 de febrero de 2010

Shutter Island


El retraso del estreno de la que era una de las favoritas para los Oscars de este año a una fecha en la que ya no podía competir nos anticipaba la desconfianza de los productores en el resultado final de lo último de Scorsese. Y, dando un giro a las intenciones iniciales, la han intentado vender como una película de suspense y/o acción antes que como una oscarizable gran obra.

Efectivamente, Shutter Island está muy lejos de lo mejor de su autor, pero tampoco da el pego como película comercial. En un desafortunado intento por regresar a las intrigas psicoanalíticas de los años 40 (Scorsese niega que esas sean sus fuentes, pero la estructura y el resultado desmienten su afirmación), se mezclan influencias tan dispares como Hitchcock y David Lynch reinterpretadas por la fuerte personalidad del director neoyorkino.

Si en El cabo del miedo consiguió una obra maestra llevando a su terreno una historia ajena y un género que nunca había tratado reconvirtiéndolo en una inquietante parábola religiosa sobre el bien y el mal, en Shutter Island la debilidad del material de partida (la novela de Dennis Lehane) arrastra a los abismos al indigesto cruce de referencias que ha perdido a Scorsese en la sala de montaje, ya que da la sensación de que finalmente no sabía qué contar exactamente ni qué tono dar a la película (que bascula entre la pesadilla, la intriga inexplicable y la explicación racional final)

Como suele pasar en estos casos, la peor película de un genio está muy por encima de las mejores de la mayoría, pero aquí uno de mis directores favoritos ha dejado el listón muy bajo, pese a la potencia visual de algunos momentos y a los esfuerzos de DiCaprio por resultar convincente.