viernes, 7 de mayo de 2010

La Nana


El cartel de La Nana nos sugiere que podríamos estar cerca de A merced del odio. En aquel clásico de terror de la Hammer, Bette Davis podía ser una perturbada o no, o tal vez los perturbados eran los niños a los que cuidaba. Sin embargo, la película resulta ser más bien una mirada entre nostálgica y perpleja al mundo de las chachas que vivieron con el director que, como la mayoría de los artistas latinoamericanos, procede de una familia más que acomodada y muestra algo de mala conciencia por ello (otros directamente reniegan de sus orígenes)

Con un comienzo inquietante, un desarrollo entre morboso (la protagonista que lo ve y lo fiscaliza todo, incluso las pajas del adolescente de la casa) y cómico (la lucha de titanas con las rivales que le meten en casa), finalmente el director muestra sus cartas: Quiere homenajear a esas entrañables mujeres que, con sus defectos y virtudes, le cuidaron y le hicieron tan estupendo como es.

Lo pasamos bien viendo La Nana, y hasta nos genera cierta incomodidad. Lástima que no apueste más por el tono salvaje que apunta al principio y que podría emparentar a Catalina Saavedra con la Davis o con las protagonistas de La Ceremonia de Chabrol.

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