viernes, 27 de agosto de 2010

El Silencio de Lorna

Los Hermanos Dardenne de caracterizan por un cine seco, sin concesiones, con tramas que podrían considerarse de cine social con la diferencia de que sus personajes no están nada idealizados. Por ser pobres o estar explotados normalmente no son mejores personas que sus explotadores.

En El silencia de Lorna dulcifican relativamente su discurso. La protagonista está inmersa en una trama de bodas de conveniencia que a veces le hace actuar de manera deplorable, pero en esta ocasión su relación con el marido heroinómano la redime frente a otros personajes de los directores, como la tremenda Rosetta (Palma de Oro en Cannes)


Aquí Lorna (y especialmente su marido) actúan como contrapunto a un mundo sucio y despiadado en el que los sentimientos no cuentan. Con un retrato muy realista de la adicción a las drogas en la primera parte de la película, los Dardenne consiguen algunos de los mejores momentos de su filmografía (el mono que acaba en polvo, el internamiento en el hospital, la despedida en la bicicleta seguida de una excelente elipsis). La segunda parte no está a la altura, aunque ese final abstracto e inverosímil que ha sido tan criticado tiene el encanto de las rarezas.

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