
En este mismo blog se hablaba hace un par de años de
Luna (Moon), el debut en la dirección de
Duncan Jones, el hijo de
David Bowie. Pese a las alabanzas que recibió y al montón de premios en el
Festival de Sitges, a quien escribe le había dejado algo frío este regreso a la ciencia ficción de los 70 que parecía un capítulo hinchado de Dimensión Desconocida.
Ahora Hollywood le ha encargado Código Fuente y, sobre un guión ajeno, ha construido una película menos personal, menos pretenciosa pero más lograda, más entretenida y menos aburrida. Con un punto de partido algo absurdo (la explicación que se da sobre el código fuente resulta insatisfactoria e incoherente) se construye sin embargo un relato absorbente e inquietante.

Con referentes tan dispares como
Atrapado en el tiempo o
Expediente X, Jones nos atrapa, nos angustia y nos tiene hora y media sin parpadear pendientes de ese tren explosivo y de ese protagonista enjaulado en una cápsula que no es lo que parece. Ciencia ficción de la buena, de la que engancha y se queda grabada en la mente por mucho tiempo. Ayudan, y mucho, un
Jake Gyllenhaall en su punto y una
Vera Farmiga a la que tantas operaciones le han dejado una cara realmente inquietante, muy apropiada para una historia como esta.
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