domingo, 11 de octubre de 2009

20 años sin Bette


El 6 de octubre se cumplieron 20 años de la muerte de Bette Davis. A muchos de los que crecimos viendo en televisión sus películas nos entristece que la caja tonta la haya olvidado por completo. Estos tiempos de mediocridad tal vez hagan posible que, en breve, la que fue un ídolo de masas y símbolo de la cultura popular del Siglo XX quede relegada a objeto de culto por carcas nostálgicos o ratas de filmoteca. Su talento era demasiado grande para un mundo que es cada vez más intelectualmente pequeño.

Recordemos 10 películas imprescindibles, en las que esa mirada inmortal quedará para siempre en las retinas de los que disfrutamos viéndolas:

Cautivo del Deseo (John Cromwell, 1934): “Sobre la servidumbre humana” es la traducción literal del título original de esta adaptación de una novela de Somerset Maugham. Aquí Bette compuso a una malvada antológica, que le valió su primera candidatura al Oscar. Un melodrama excepcional que resiste una y mil revisiones.

Jezabel (William Wyler, 1938): Como compensación por no haber obtenido el ansiado papel de protagonista en Lo que el viento se llevó, la Warner ofreció a Davis el de Julie, otra Escarlata O’Hara sureña cuyo egoísmo inicial le llevará a un purgatorio terrenal del que saldrá redimida. Segundo y último Oscar de su carrera (aunque sería candidata 8 veces más) y primera colaboración con Willian Wyler, uno de los más grandes directores de todos los tiempos. Juntos, nos regalarían otras obras maestras.

Amarga Victoria (Edmund Goulding, 1939): Un director mediocre, una historia que nos remite a un Estrenos TV de sobremesa, pero una película que se hace grande e inolvidable por la interpretación de una actriz. Su retrato de una enferma terminal intentando aprovechar sus últimos días conmueve y emociona.

La Carta (William Wyler, 1940): El flashback es aquí el recurso utilizado para engañar al espectador como la protagonista engaña a los que la rodean. Historia de una pasión desbocada con final trágico, La Carta es un todo un clásico del drama mezclado con elementos criminales. Incluso fue objeto de un remake protagonizado por Lee Remick.

La Loba (William Wyler, 1941): Regina Giddens es una de las cumbres de la carrera de Bette Davis. Despiadada y ambiciosa, la escena en la que deja morir a su marido en pleno ataque al corazón es una de las más impactantes que se han visto nunca en pantalla. La adaptación de la obra de Lillian Hellman queda como una conjunción de talentos extraordinaria y como un retrato del egoísmo plenamente vigente 68 años después.

La Extraña Pasajera (Irving Rapper, 1942): Uno de los mayores éxitos en taquilla de su tiempo. La protagonista es una solterona que huye en un barco de su vida anterior y se reinventa a sí misma para acabar encontrando el amor que buscaba. Otra mujer fuerte, que supera las restricciones de la época con la que se identificaron millones de espectadoras. Tal vez la película no ha soportado bien el paso de los años, pero queda como un interesante documento sociológico.

Más allá del bosque (King Vidor, 1949): Como no podía ser menos, la unión de Davis y King Vidor dio un resultado explosivo. Rosa Moline es una Madame Bovary americana, harta de su vida mediocre y de su bondadoso marido que no duda en tirarse de un coche en marcha para abortar y poder huir con su multimillonario amante. Desmelado melodrama donde los haya, toda una gozada para los amantes del género.

Eva al Desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950): Obra maestra absoluta, situada entre las cien mejores películas de la historia por todos los que la han visto, este retrato sobre el mundo del teatro y sobre el mundo en general sigue teniendo una vigencia absoluta. Un guión perfecto, una historia absorbente y unas interpretaciones antológicas entre las que, además de una Davis que con una mirada fulmina y lo dice todo, sobresale Anne Baxter como la Eva del título, una trepa falsa y despiadada, capaz de cualquier traición por lograr sus objetivos.

¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962): Un clásico del cine de terror, en el que la ex niña prodigio Baby Jane Hudson (Davis) hace la vida imposible a su hermana inválida, Joan Crawford, a la que envidia y detesta. Es legendario el enfrentamiento que las dos divas tuvieron en el set. Muchos años después Bette declaró “He encontrado las palabras para describir a Crawford, pero yo no uso ese vocabulario en público”. Inolvidable la escena de la rata.

El Aniversario (Roy Ward Baker, 1968): Con 60 años, Davis ya llevaba un lustro encasillada en papeles de vieja loca en películas de terror por el éxito de Baby Jane. El aniversario es seguramente su último gran papel. Ella está impactante como madre posesiva y despiadada (y con un parche en el ojo) en esta producción de la legendaria Hammer.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Rec 2


Ya desde el impactante trailer que llegó a ritmo de Concha Piquer (www.youtube.com/watch?v=upKeYiVcdkw) se nos anunciaba algo grande para REC2. Los fans del terror quedamos entusiasmados con la primera parte, toda una experiencia traumática, incluso para los más curtidos, y convertida en un clásico instantáneo del género. Esperábamos que su secuela no defraudase. Y no lo hace.

Tomando como referencia Aliens de James Cameron, quizá la mejor continuación que se ha hecho de cualquier película, la historia de REC se retoma apenas media hora después de ese final antológico con la reportera de “Mientras usted duerme” reclamando que se grabasen incluso sus minutos más angustiosos (ver la imagen que encabeza estas líneas). Y aunque ahora se pierda en parte el factor sorpresa y no se explote del todo a esa comunidad de vecinos reconvertida en un terrible infierno, Balagueró y Plaza consiguen de nuevo dejarnos clavados en la butaca, en otra hora y media de auténtica claustrofobia y horror máximo que sucede muy cerca de su casa (en un castizo edificio barcelonés)

Se multiplican los zombis (¿o no son zombis?), los puntos de vista, la sangre y se afila el ingenio del guión para terminar con un sensacional fin de fiesta protagonizado por una Manuela Velasco decidida aquí a ser la Sigourney Weaver… de España. Y olé.

Continuará en Rec 3

domingo, 4 de octubre de 2009

Río Helado (Frozen River)


El cine independiente americano tiende cada vez más a hacer películas clónicas. Si se acusa a Hollywood de la repetición de fórmulas para lograr blockbusters, sus primos hermanos los “indies” (recordemos que la mayoría de los supuestos independientes están casi siempre producidos por divisiones ad-hoc de las majors) hacen más o menos lo mismo. Las variaciones sobre diferentes dramas y comedias de una familia disfuncional se repiten hasta la extenuación desde Pequeña Miss Sunshine a Junebug pasando por Juno.

Por eso se agradece cuando alguien se aparta relativamente del camino más trillado. Aunque Río Helado repite el esquema familiar (y disfuncional) y se centra en otro tema de lo más querido (la inmigración), su retrato nada amable de la protagonista y su hijo o de esa mujer india que conoce casi por casualidad son bastante más complejos de lo habitual.

Y cómo no, la interpretación de Melissa Leo (Concha de Plata en San Sebastián y candidata al Oscar) es fundamental como sostén de la historia. Los primeros planos inmisericordes con una cara muy curtida por la (mala) vida, muestran a una mujer dura, contradictoria y con la que no nos identificamos pero a la que comprendemos perfectamente.

En resumen, un retrato muy recomendable de la cara más triste de América, la de los perdedores, la del frío helador, la de las desconocidas reservas indias, la de los inmigrantes que no llegan del sur sino de la frontera norte.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Malditos Bastardos


A quién tenga dudas sobre si acercarse al cine a ver Malditos Bastardos tal vez le sean de utilidad las siguientes advertencias:

1. Ni Brad Pitt ni su grupo de salvajes cazadores de nazis son los protagonistas como sugiere el título y la promoción de la película. Como en toda la obra del director, estamos ante un filme coral en el que la venganza juega un papel fundamental, y en el que Aldo Raine (Pitt) es un peón (secundario) más.
2. Espíritus sensibles y fácilmente impresionables, abstenerse. La violencia marca Tarantino brilla como siempre o tal vez como nunca, surgiendo desbocada en lo que en un principio podría parecer una narración más clásica y menos violenta. La sangre y los sesos, en primer plano.
3. Quién busque una película de acción, que vaya a otra sala del centro comercial. Quién busque un análisis histórico, que se compre un libro. Aquí se compone un inteligentísimo ejercicio de reinvención de la historia y la acción está más en los excepcionales y largos diálogos marca de su autor que en mamporros o persecuciones.
4. Amantes de las versiones originales, olvidaros de practicar vuestro upper intermediate level, el 90% de la película es en francés y en alemán.
5. Cinéfilos, cinéfagos y demás frikis, bienvenidos al festín de citas inagotables: De G.W. Pabst a Leni Riefenstahl, pasando por Enzo Castellari, King Kong, Sergio Leone, Karl May, Dario Argento o ese final que remite directamente al Ser o No Ser de Lubitsch. Más eclecticismo, imposible.

A pesar de que por todo lo anterior y por sus dos horas y media de duración se trata de una película anticomercial, Quentin Tarantino ha conseguido de nuevo llenar las salas (aunque muchos se pasen bostezando todo el tiempo), demostrando que es el director-estrella por excelencia y que sabe vender muy bien sus productos.

Malditos Bastardos no es la mejor película de Tarantino aunque está muy cerca de serlo. La tendencia a la dispersión (rompiendo de forma absurda, por ejemplo, el clímax final), y el abuso que de su propia genialidad hace el director hacen que se resienta el conjunto cuando paradójicamente cada capítulo es una pequeña obra maestra que se alarga demasiado como para conseguir un todo coherente. Pero deslumbra ese inicio propio de un spaghetti-western, absorbe la escena de la taberna y apasiona el desenlace en un cine parisino.

Y qué decir de las músicas que nos regala (esa canción de David Bowie mientras la vengadora ultima su plan vestida de rojo… uf) o del reparto en estado de gracia (desde Melanie Laurent como Shosanna -¿de dónde saca este hombre esos nombres tan… adecuados?– a un Chistoph Waltz que desde ya está en la galería de grandes villanos del cine). En definitiva, aunque Tarantino siempre lo podrá hacer mejor, este genio del cine actual está a años luz de la mayoría de lo que puede verse en la cartelera. Pero no os olvidéis de revisar los 5 puntos de arriba antes de decidir si ir a verla, importante si no queréis pasaros la película bostezando y molestando al de al lado que tal vez esté disfrutando con sus ingeniosos diálogos y su desarmante fuerza visual.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Distrito 9


La relación entre ciencia-ficción y metáfora política o social siempre ha estado presente en el cine. Si durante la Guerra Fría los extraterrestres simbolizaban la temida invasión soviética, según Spielberg estos seres eran una oportunidad para la humanidad de conocer y confraternizar con otras culturas (suena pedante, pero ¿Qué eran ET y Encuentros en la Tercera Fase sino pastelitos tiernos del buenrrollismo interespacial?). El propio Spielberg, con los años, se dio cuenta que si los hombres se llevaban tan mal entre ellos, yendo directos a la autodestrucción, no había posibilidades de paz con otros planetas y de ahí surgió La Guerra de los Mundos.

Ahora, Distrito 9 nos propone una parábola muy obvia sobre el racismo vigente en Sudáfrica, pero esto no es lo más destacado de la película. Un guión inusualmente sinuoso, nos lleva con buen pulso por un callejeros de la marginalidad extraterrestre, un vivir cada día en la favela alienígena. Con constantes y desconcertantes giros, el mayor valor de la primera película de Neill Blomkamp está en su originalidad narrativa y en su capacidad para enganchar a costa de sorprender con una historia planteada de forma poco habitual en el género.

En el lado negativo, el aspecto visual resulta cargante. Con un estilo muy Michael Bay, los planos apenas duran 30 segundos. Confundir montaje sincopado con acción está muy de moda, lo que sin duda incrementa la venta de aspirinas en las farmacias cercanas a las salas. Aunque quizá el mayor error de Blomkamp está en esos extraterrestres con los que resulta imposible empatizar, una especie de gambas gigantes que emiten sonidos absurdos, de aspecto repugnante, que el director quiere que acaben resultando cercanos para el espectador y no lo consigue en absoluto. En cualquier caso, tras el taquillazo, tenemos gambas o lo que sean para rato en las continuaciones que ya se preparan.

Gordos


En su esperada segunda película, Daniel Sánchez Arévalo confiesa que se ha inspirado en Magnolia y en Happiness, nada menos que dos de las más grandes películas que se han rodado del subgénero Vidas Cruzadas, que inauguró oficialmente Robert Altman pero que ya tenía ilustres antecedentes en alguna película clásica.

De Magnolia parece tomar los excesos que presiden toda la película: Exceso de metraje, exceso de verborrea, historias excesivamente alargadas, música excesiva cuando no es necesaria. De Happiness intenta tomar la vena gamberra y transgresora: El gay que aparentemente se vuelve hetero, la pareja ultra religiosa con problemas para disfrutar de su vida sexual, la familia supuestamente feliz en su gordura que esconde variados malos rollos, la mujer que tapa su fracaso amoroso forrnicando con el primero que pilla.

Lamentablemente, el director no maneja como sus colegas americanos el circo de cinco pistas que construye y no consigue ni emocionar, ni incomodar ni hacer reír a costa de la desgracia ajena tanto como pretende.

En Azuloscurocasinegro ya se apuntaba la tendencia al exceso de Sánchez Arévalo. Allí conseguía controlarse y lograba una de las películas más interesantes de los últimos años. En Gordos, sigue demostrando que es uno de los directores más talentosos de la actualidad, con capacidad para generar historias y fórmulas narrativas insólitas en el cine español, pero su escasa capacidad de síntesis y lo confuso de los objetivos de la historia arruina en parte una película desigual, a ratos estimulante pero otras veces agotadora y que desemboca en un desastroso desenlace que nos hace dudar sobre qué quería contarnos exactamente. Seguramente ni él lo tiene muy claro.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Anticristo


En el último festival de Cannes esta película generó una gran polémica por lo supuestamente provocador de su propuesta y consiguió el premio a la mejor actriz para su protagonista, Charlotte Gainsbourg. Realmente Lars Von Trier aspiaraba a llevarse la Palma (al más bestia) ya que se considera el mejor director de la actualidad.

Lamentablemente Von Trier no juega a fondo sus cartas y se queda a medias en todo: Quiere hacer una película de terror pero sólo en la parte final consigue realmente inquietar; quiere ser muy gore y extremo pero las dos escenas más repugnantes (en una incluso remite al famoso corte del ojo de Buñuel) están como un pegote; quiere ser Bergman, psicoanalizar los abismos de la locura y atacar virulentamente las técnicas psiquiátricas y lo más que consigue es aburrir y saturar con la histeria de la protagonista.

Sabemos que el director está gravemente enfermo del coco (así lo reconoce él mismo) y eso se nota cada vez más en sus películas. El desbarre mental a veces provoca obras maestras y Von Trier ya lo demostró anteriormente (Bailar en la oscuridad, Rompiendo las olas, Los idiotas) pero en este caso nos hace añorar la fuerza narrativa y el desasosiego de El Resplandor (de la que Anticristo es deudora en su argumento) y lamentar que el poderío visual (ese arranque tremebundo, las escenas que remiten a El Bosco) no se haya visto acompañado por mayor coherencia en el guión y por una historia rompedora y radical, pero de verdad, reivindicando el terror como el gran género que es, no escondiéndolo en una sesión de terapia barata.