martes, 10 de noviembre de 2009

La Huérfana


El spanish terror, tan de moda últimamente, no sólo implica el éxito de películas españolas del género en todo el mundo (Rec, El orfanato), sino también la exportación de directores que buscan suerte en otras latitudes.

Es el caso de Jaume Collet-Serra, que venía de dirigir un bombazo en la taquilla americana, La casa de cera, nada menos que con Paris Hilton animando el cotarro. Ahora La Huérfana supone un paso adelante y, aunque respeta en exceso convenciones de la película con psicópata (ese final alargado visto una y mil veces en cientos de películas), su mayor originalidad está en el clima malsano y políticamente incorrecto que introduce la supuestamente dulce Esther en la casa de sus padres adoptivos.

Con una puesta en escena inquietante y retorcida y un cuidado exquisito de los detalles (los cuadros, los tremendos estilismos que se gasta Esther) lo mejor de la película es su excelente reparto, algo no muy habitual en el género. Y por encima de los padres (Vera Farmiga y Peter Sarsgaard), descuellan claramente unos pequeños actores asombrosamente bien dirigidos. Aryana Engineer (Max) nos deja con la boca abierta pese a su cortísima edad, aunque el plato fuerte es la interpretación que hace Isabelle Fuhrman de la huérfana protagonista, auténticamente antológica y que se sitúa desde ya junto a otras tan legendarias como la de Patty McCormack, que con 11 años fue finalista al Oscar por ser una niña perversa en La mala semilla.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Ágora


Más de 16 millones de euros lleva recaudados la última película de Amenábar. Se trata de un triunfo apoteósico del marketing (otro más) de la que fue nuestra “pantalla amiga”, Tele 5. El máximo exponente de la telemierda ha producido a través de Telecinco Cinema la mayoría de los taquillazos españoles de los últimos tiempos, desde El orfanato a Alatriste.

Sorprenden las salas repletas de habituales de “Sálvame de Luxe” al parecer ávidos por conocer la historia de Hypatia de Alejandría. Colas kilométricas, llenos semanales como hacía tiempo no se veían… Debemos felicitar a los que han vendido Ágora como lo que no es y que además han conseguido que sea comprada masivamente incluso por audiencias que últimamente lo más parecido al cine que han visto es “Sin tetas no hay paraíso”

Ágora ha intentado en su promoción hacerse pasar por Troya o por 300, como un gran espectáculo. El problema es que las ambiciones de Amenábar van más allá. Quiere hacer una película comercial, pero sobre todo dar una lección moral. Quiere divertir, pero también hablar de astronomía. Y el resultado final son dos horas insufribles de peplum telefilmesco mezclado con lecciones científicas que parecen impartidas por el profesor Coco en Barrio Sésamo.

Un reparto descompensando (todo el presupuesto se ha gastado en Rachel Weisz, sus pétreos acompañantes parecen sacados de un casting de chaperos) y la tendencia al maniqueísmo del director (esos cristianos terroríficos y unidimensionales) frustran su intenciones de hacer una gran película sobre un gran tema. Amenábar puede ser un buen director de género (Tesis, Los Otros) pero le quedan grandes proyectos como estos. Su éxito no es más que el triunfo de la mediocridad, tan habitual por estos lares, y que tan bien ha sido explicado por Jordi Costa en su cómic “Mis problemas con Amenábar” http://www.elpais.com/articulo/portada/bestia/negra/Amenabar/elppor/20091009elptenpor_3/Tes
http://www.comicdigital.com/1601_1-Avance_de_Mis_Problemas_con_Amenabar.html

domingo, 1 de noviembre de 2009

After


Sólo quedan
Las ganas de llorar
Al ver que nuestro amor
Se aleja
Frente a frente
Bajamos la mirada
Pues ya no queda nada de qué hablar
Nada

Con una canción de Jeannette (http://www.youtube.com/watch?v=gjkk9OTm-r0), que también aparece en la película, finalizaba el trailer de After. Y sin duda la letra es un buen resumen sobre lo que nos ofrece Alberto Rodríguez en su quinta película: Un retrato desolador de tres personajes hundidos en la nada que se reúnen en una noche de excesos para acabar más destrozados de lo que la comenzaron.

En lo que podría ser el reverso oscuro de Resacón en Las Vegas, o cómo la juerga suele no ser un fin en sí misma sino una válvula de escape de las miserias y frustraciones cotidianas, Rodríguez se vale de las versiones paralelas que de un mismo hecho recuerdan los tres personajes (un recurso nacido con Rashomon y que por desgracia el cine no ha explotado como se merece) para con un ritmo frenético introducirnos en las pequeñas y grandes miserias de tres amigos que en realidad saben muy poco los unos de los otros, algo cada vez más habitual en los entornos urbanos.

Secretos y mentiras, drogas y sexo y un final desesperanzador. Un retrato preciso e impactante de parte de una generación que se niega a envejecer y que se refugia en efímeros paraísos artificiales. Le faltan dos cosas para ser totalmente redonda: Alejarse más de los clichés que la acercan peligrosamente a ser una versión cuarentona de Mentiras y Gordas y completar mejor el retrato de unos personajes a veces demasiado desdibujados aunque muy bien interpretados por Toledo, Ulloa y Romero.

jueves, 29 de octubre de 2009

Cine de Terror


Ahora que se acerca la Noche de Difuntos, nada mejor que recordar 13 películas de terror. Inolvidables, aterradoras y apropiadas para celebrar como se merece una fecha tan señalada...

Aliens, El regreso (James Cameron): Aunque las segundas partes mediocres son habituales en el género, Aliens es la secuela perfecta. Partiendo de una obra maestra absoluta desarrolla algunas de las incógnitas no resueltas por Ridley Scott y juega la baza de multiplicar el terror y la tensión hasta cotas inimaginables. Sus dos horas y media pasan como un angustioso suspiro y se deja ver una y otra vez, lo que demuestra que Cameron no tiene rival cuando se lo propone.

Asalto a la comisaría del Distrito 13 (John Carpenter): Planteada como una del oeste (de hecho la historia es casi calcada a la de Rio Bravo), el mejor Carpenter logra una de las cimas del género con una narración angustiosa como pocas o seguramente como ninguna, demostrando de paso que puede dar mucho más miedo la comprobada crueldad humana que una improbable resurrección de zombies.

Carrie (Brian De Palma): Adaptando a Stephen King, De Palma logra poner la carne de gallina con la historia de esa niña con telequinesis maltratada por la vida, por su madre (tremenda Piper Laurie) y por sus compañeros de colegio. Media hora final de antología pocas veces superada en el género.

En compañía de lobos (Neil Jordan): El cuento de Caperucita es perversamente interpretado por el mejor Jordan. Con una estructura laberíntica y una excelente ambientación que remite a El Bosco, el resultado es una de las películas más originales e insólitas jamás filmadas.

El exorcista (William Friedkin): Utilizando una coartada pseudoreligiosa, Friedkin logró un éxito apoteósico y desmayos en los cines con los vómitos y obscenidades de la niña Regan. Con el paso del tiempo algunos han intentado devaluarla hablando de lo ridículo que queda todo aquello ahora. Probablemente tras decenas de parodias y frases que se prestan al chascarrillo (“¿Has visto lo que ha hecho la guarra de tu hija???”) sea posible echarse unas risas, pero a muchos la primera vez que la vimos nos dio mucho mucho miedo…

La noche de Walpurgis (León Klimovsky): El ejemplo perfecto del cutre-terror-hipano-que-quiere-pasar-por-serie-b-americana es esta muestra de cine de vampiras con mucha ambigüedad y sugerencia sexual. Seguramente todo queda un poco casposo, pero no se le puede negar un gigantesco encanto kistch y una fuerte personalidad.

La profecía (Richard Donner): Otro icono del cine de terror es Damien, el hijo de Belcebú llegado a la tierra para sembrar el mal. Gregory Peck y una magnífica y muy inquietada Lee Remick eran los padres adoptivos del mofletudo nene que llegó del infierno. Una estructura de precisión diabólica, algunas escenas memorables (el suicidio de la niñera: “Damien, lo hago por ti”) y una memorable música del maestro Jerry Goldsmith (su único Oscar) completan un clásico.

El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez): Una vez más se demuestra que el miedo, como la risa, va por barrios. A muchos les pareció que esta película era una chorrada y que no asustaba nada. A otros, su realismo de cámara en mano, los ruidos de origen desconocido, la apuesta por sugerir mucho más de lo que se muestra y ese bosque fantasmal, nos provocaron más de una noche de insomnio.

Rabia (David Cronenberg): Si hablamos de grandes del género es imposible olvidarse de Cronenberg. Aunque en su última etapa su cine ha dado un giro hacia temas más “serios” o “profundos”, muchos añoramos sus comienzos, con tramas morbosas y malsanas relacionadas con el mal uso de la medicina. En Rabia, la estrella porno Marilyn Chambers despierta de su operación de estética con un insaciable apéndice en su axila, que extenderá una epidemia por la ciudad… Con ese argumento y Cronenberg tras la cámara, sólo podemos esperar hora y media de intenso disfrute.

Ringu: El círculo (Hideo Nakata): La película que descubrió en occidente a Nakata, provocó un fuerte impacto por su capacidad para generar atmósferas asfixiantes y plantear historias novedosamente inquietantes. El vídeo que asesinó a varios adolescentes tras cargarse a la estrella de la radio conoció un afortunado remake en los USA, si bien las copias siempre tienen menos mérito que el original.

Saw (James Wan): Iniciadora de una saga interminable, el primer Saw provocó un shock por su originalidad y por abrir una línea tan extremadamente morbosa que el aficionado al género con más escrúpulos termina la película convencido de que el mundo está lleno de mentes enfermas (los creadores y los que difrutamos viendo algo así).

El Silencio de los Corderos (Jonathan Demme): El Doctor Lecter es un indiscutido en el olimpo de los grandes asesinos del cine. Aunque sea una hermanita de la caridad comparado con Michael Myers, la extraordinaria caracterización de Anthony Hopkins y su legendario duelo dialéctico con Jodie Foster provoca escalofríos incluso en el recuerdo. Un pulso maestro que no decae en ningún momento y un director en estado de gracia redondean una película que está entre las más grandes de todos los géneros y de todos los tiempos.

Suspiria (Dario Argento): El llamado giallo procede de Italia y podría definirse como un terror de argumento retorcido, puesta en escena barroca y música atronadora. Tras el éxito de El pájaro de las plumas de cristal, el maestro Argento rodó las mejores muestras del subgénero contando incluso con estrellas internacionales en sus repartos. Para mí Suspiria es la cumbre, con mucha sangre, mucha crueldad y, como siempre, sorpresa final.

martes, 20 de octubre de 2009

Luna (Moon)


El hijo de David Bowie ha decidido ser director y, claro, para él es un hándicap, no lo ha tenido nada fácil, las comparaciones son odiosas y bla bla bla. Como no podía ser de otra manera, su peli quiere ser muy cool igual que él y su padre y el distribuidor no traduce el título y lo deja en inglés que queda mejor y más vendible para el público de la Plaza de los Cubos.

Luna (o Moon, para quién prefiera la lengua del Imperio) pretende volver a la ciencia ficción de los 70, que era más intelectual, más reflexiva, o eso dice Dunca Jones (el hijo de papá). Y en parte consigue recuperar ese aroma inquietante que se respiraba en La Fuga de Logan o Engendro Mecánico, por recordar dos títulos clásicos de la época. La trama sugiere durante algún tiempo y luego se centra en un juego de paradojas envuelto en un contexto que quiere ser asfixiante y claustrofóbico pero que deja demasiados grietas para que respire el espectador, lo que frustra en parte sus objetivos.

Duncan Bowie (perdón, Jones) consiguió un montón de premios en el Festival de Sitges, lo que dice mucho de su marketing o muy poco del resto de películas a concurso. Es adecuada para una tarde aburrida y satisfará a los fanáticos del género más enrevesados. A los demás nos deja algo fríos, porque lo que aspiraba a parecerse a Solaris, acaba siendo como un capítulo entretenido de Dimensión Desconocida. Aunque, viendo lo que ofrece la cartelera, eso tampoco está mal.

sábado, 17 de octubre de 2009

El Secreto de sus Ojos


Reconozco que he tardado en ver esta película debido a la alergia que me produce el cine argentino en general y el protagonizado por Ricardo Darín en particular. Si El hijo de la novia me pareció un drama sensiblero algo inaguantable, creo que su director Juan José Campanario (perdón, Campanella, cuanto mal hacen los programas del corazón) ha conseguido con El secreto de sus Ojos una de las propuestas más atractivas que nos ofrece la cartelera.

Mezclando amores imposibles con una absorbente trama policíaca, el filme recorre 30 años de la historia de Argentina con escasas pero contundentes referencias políticas. Y, por una vez, la verborrea sentimental habitual en las películas que nos llegan de allí se contiene, dando lugar a una de las más hermosas y subterráneas pasiones que se han visto últimamente, compuesta sólo por miradas abrasadoras.

Con una factura técnica impecable y un virtuosismo inesperado (la escena del estadio, que parece rodada en plano único, deja sin aliento), sobresalen los actores, especialmente Soledad Villamil (el secreto está en sus ojos) y (aunque parezca mentira) Ricardo Darín, menos sobreactuado y más convincente que nunca.

martes, 13 de octubre de 2009

Si la cosa funciona


Woody Allen vuelve en otoño a su cita anual con la legión de fans que, al menos en España y en los cines de V.O., acuden en masa impacientes por paladear su nueva ocurrencia. Claro que últimamente Allen ofrece pocas cosas nuevas.

Hacer una película al año implica el riesgo de no tener nada que contar, y más cuando siempre acudes a tus propias historias y a guiones que adaptan tu propia vida. En este caso, la sensación de “ya visto” es abrumadora. La relación entre el protagonista y su joven amiga remite directamente a Poderosa Afrodita y a la constante obsesión del director por las relaciones con mucha diferencia de edad (por ejemplo, la suya con Soon-Yi). La madre (estupenda Patricia Clarkson) se reinventa a sí misma sin poder ocultar sus auténticos orígenes como hacían los personajes de Granujas de Medio Pelo. Y todo con la machacona musiquilla anticuada de gramófono marca de la casa que a mí últimamente me pone los nervios de punta.

Al final y desde hace varias películas, se tiene la sensación de que Allen se dedica a hacer rutinariamente su trabajo como si fuese un funcionario para alimentar las muchas bocas a su cargo, a escribir guiones que, conociendo su talento y sus obras mayores, no le deben llevar más allá de una tarde y, si surge, a darse garbeos de lujo muy bien pagados en plan vacaciones encubiertas (véase Vicky Cristina Barcelona o su periplo londinense).

Si la cosa funciona no es, ni de lejos, el regreso añorado a Nueva York. El protagonista es auténticamente antipático e insoportable, la historia no tiene apenas gracia, y está rodada con la desgana de quién está deseando volver a casa a bañar a los niños. Seguiremos esperando a que la flauta suene de nuevo (desde Match Point no lo hace) aunque sea por casualidad.